
Nuestra Señora de Guadalupe
Historia
La Virgen Santísima se apareció en el Tepeyac, México, a san Juan Diego el
martes 12 de diciembre de 1531, apenas diez años después de la conquista de
México. La madre de Dios viene para dar a conocer el evangelio a sus hijos
nativos del nuevo continente y para "mostrar y dar" todo su "amor y
compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre".
Como prueba de su visita la Virgen milagrosamente hizo que en aquel lugar
aparecieran preciosas rosas de Castilla y que su imagen se quedara
permanentemente en la tilma de su siervo.

Durante cuatro días la Virgen se
había comunicado con Juan Diego hablándole en su propia lengua, el náhualtl.
Al identificarse, María usó la palabra "coatlallope"; un sustantivo
compuesto formado por "coatl" o sea, serpiente, la preposición "a" y
"llope", aplastar; es decir, se definió como "la que aplasta la serpiente".
Otros reconstruyen el nombre como "Tlecuauhtlapcupeuh" que significa: "La
que precede de la región de la luz como el Aguila de fuego". De todas formas
el vocablo náhualtl sonó a los oídos de los frailes españoles como el
extremeño "Guadalupe", relacionando el prodigio del Tepeyac con la muy
querida advocación que los conquistadores conocían y veneraban en la
Basílica construida por Alfonso XI en 1340. En España existían dos
advocaciones a la Virgen de Guadalupe, en Cáceres y en La Gomera. Sin
embargo la Guadalupe Mexicana es original. ¡La Virgen se comunicó de manera
que la entendiesen tanto los indios como los españoles!.
La Virgen de Guadalupe dio al indio Juan Diego un delicado trato de nobleza
elevando proféticamente la condición de todo su pueblo. El Señor "derriba
del trono a los poderosos y enaltece a los humildes". Al mismo tiempo, La
Virgen trajo reconciliación y no división entre los nativos y los españoles.
Les ayudó a ambos a comprender que la fe cristiana no es propiedad de nadie
sino un don de amor para todos. La Virgen pide a Juan Diego que vaya al
obispo. El obispo de México era Fray Juan De Zumárraga, franciscano. De esta
manera la Virgen enseña que se debe someter a la autoridad legítima que
Jesús estableció en la Iglesia.
Cuatrocientos años debieron pasar para que la cultura occidental reconociera
admirada que la imagen impresa sobre el ayate indígena era un verdadero
códice mexicano, un mensaje del cielo cargado de símbolos. Helen Behrens,
una antropóloga norteamericana descubrió en 1945 lo que los ojos de los
indios habían "leído" en la pintura de la "Madre del verdadero Dios por
quien se vive" aquel diciembre de 1531.
Guadalupe propicia la Evangelización del continente
Los misioneros tenían poco éxito a pesar de su intensa labor, en gran parte
por el mal ejemplo de muchos que llamándose cristianos, abusaban de ellos.
Pero la Virgen de Guadalupe se presenta como mujer nativa y les enseñó que
el regalo de la fe es para todos sin distinción. La imagen de la tilma es
toda una catequesis (ver abajo). Resultado: En los 7 años después de las
apariciones 8 millones de nativos se convirtieron a la fe católica. Esto
representa un promedio de 3000 conversiones diarias. Si recordamos que por
la predicación de San Pedro el día de Pentecostés se convirtieron 3000
hombres, podemos apreciar que la Virgen inició un verdadero Pentecostés que
duró 7 años.
La Virgen de Guadalupe continúa guiándonos a Jesús. Los milagros obtenidos
por la Virgen son tan extraordinarios que no se puede menos que exclamar:
"El poder divino está aquí". Dios Todopoderoso se complace en derramar sus
dones por medio de aquella a quien El escogió para ser su madre.
El
Santuario, Tepeyac
El Tepeyac es el santuario
mariano mas visitado del mundo, superando en visitas a Lourdes y Fátima.
Cada año 20 millones de fieles se acercan a la venerada imagen para expresar
a la Madre del Cielo el testimonio de su cariño y veneración. El día de la
fiesta, el doce de diciembre, se calcula que casi tres millones de personas
acuden al santuario.
En la actualidad la imagen milagrosa está en la nueva basílica construida
junto a la antigua que se ha hundido notablemente. Los fieles pueden
contemplar el cuadro desde una estera móvil que a sus pies se desliza para
movilizar a los fieles y dar cabida a las multitudes que desean venerarla.
Como en todo santuario mariano, la basílica de Guadalupe cuenta con una
capilla del Santísimo donde los fieles constantemente adoran al Señor.
La Basílica nueva tiene forma redonda que simboliza la tienda que albergaba
el Arca de la Alianza en su marcha por el desierto; las lámparas interiores
que cuelgan del techo recuerdan la nube que guiaba al pueblo de Dios día a
día y la refulgente pared de oro que sostiene el cuadro, representa la
columna de fuego y luz que indicaba el camino durante la noche.
Durante el proceso de estudio para para canonización de Juan Diego se
estableció una comisión para estudiar su historicidad. El padre Fidel
González fue asistido en esta labor por Eduardo Chávez Sánchez y José Luis
Guerrero Rosado (Cf. «El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego»,
Editorial Porrúa, México 1999, 564 pp.). Presentaron 27 documentos o
testimonios indígenas guadalupanos y 8 de procedencia mixta indo-española.
Entre todos ellos, destaca el «El Nican Mopohua» y el llamado Códice
«Escalada».
No se pueden explicar con elementos históricos algunos aspectos decisivos de
la historia de México sin tener en cuenta el milagro de Guadalupe. Como, por
ejemplo, el que, después una conquista dramática y tras dolorosas divisiones
y contraposiciones en el seno del mundo político nahuatl, en un lugar
significativo para el mundo indígena, en el cerro del Tepeyac, se levantara
en seguida una ermita dedicada a la Virgen María bajo el nombre de
Guadalupe. No explican tampoco cómo Guadalupe se convirtió en señal de una
nueva historia religiosa y de encuentro entre dos mundos hasta ese momento
en dramática contraposición.
.... Existen otras muchas pruebas históricas sobre la existencia de Juan
Diego, como, por ejemplo, la tradición oral, fuente decisiva al estudiar a
los pueblos mexicanos, cuya cultura era principalmente oral. Esta tradición,
en esos casos suele obedecer a cánones bien precisos y, en el caso de
Guadalupe, siempre confirma la figura histórica y espiritual de Juan Diego.
Quien quiera profundizar en el aspecto histórico del vidente de Guadalupe,
puede leer a continuación el artículo inédito escrito por una de las
personalidades más competentes en la materia, Fidel González, presidente de
la Comisión histórica sobre Juan Diego constituida por la Santa Sede.
-Fuente: Zenit.
La
siguiente historia es tomada del escrito del indio Nican Mophua del XVI
Para
el texto completo ver: El Nican Mopohua
Un sábado de 1531 a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego,
iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a clase
de catecismo y a la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac
amanecía y escuchó que le llamaban de arriba del cerro diciendo: "Juanito,
Juan Dieguito".

Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido
era brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas le
dijo: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?... sabe y ten
entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen
Santa María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive; del Creador cabe
quien está todo; Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me
erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión,
auxilio y defensa pues yo soy vuestra piadosa madre; a ti, a todos vosotros
juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me
invoquen y en Mí confíen; oír allí sus lamentos, y remediar todas sus
miserias, penas y dolores.
Y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de
México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo, que
aquí en el llano me edifique un templo: le contarás puntualmente cuanto has
visto y admirado y lo que has oído... Hijo mío el más pequeño; anda y pon
todo tu esfuerzo"
Él se arrodilló y le dijo: "Señora mía, ya voy a cumplir tu mandado; por
ahora me despido de ti, yo tu humilde siervo". Y se fue de prisa a la ciudad
y camino al Palacio del Obispo, que era Fray Juan de Zumárraga, religioso
franciscano.
Cuando el Obispo oyó lo que le decía el indiecito Juan Diego, no le creyó.
Solamente le dijo: "Otro vez vendrás, hijo mío y te oiré más despacio, lo
veré muy desde el principio y pensaré en la voluntad y deseo con que has
venido".
Juan Diego se volvió muy triste porque no había logrado que se realizara su
mensaje. Se fue derecho a la cumbre del cerro y encontró allí a la Señora
del Cielo que le estaba aguardando. Al verla se arrodilló delante de Ella y
le dijo: "Señora, la más pequeñas de mis hijas, Niña mía, fui a donde me
enviaste a cumplir tu mandado; aunque con dificultad entré a done es el
asiento del prelado; le vi y expuse tu mensaje, así como me advertiste; me
recibió benignamente y me oyó con atención; pero en cuanto me respondió,
pareció que no la tuvo por cierto... Comprendí perfectamente en la manera
que me respondió, que piensa que es quizás invención mía que Tú quieres que
aquí te hagan un templo y que acaso no es de orden tuya; por lo cual, te
ruego encarecidamente, Señora y Niña mía, que a alguno de los principales,
conocido, respetado y estimado le encargues que lleve tu mensaje para que le
crean porque yo soy un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de
tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda, y Tú, Niña mía, la más pequeña
de mis hijas, Señora, me envías a un lugar por donde no ando y donde no
paro."
Ella le respondió: "Oye, hijo mío el más pequeño, ten entendido que son
muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi
mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo
solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad. Mucho te
ruego, hijo mío el más pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas
mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por enero mi
voluntad, que tiene que poner por obra el templo que le pido."
Pero al día siguiente el obispo tampoco le creyó a Juan Diego y le dijo que
era necesaria alguna señal maravillosa para creer que era cierto que lo
enviaba la misma Señora del Cielo. Y lo despidió.
El lunes, Juan Diego no volvió al sitio donde se le aparecía nuestra Señora
porque su tío Bernardino se puso muy grave y le rogó que fuera a la capital
y le llevara un sacerdote para confesarse. Él dio la vuelta por otro lado
del Tepeyac para que no lo detuviera la Señora del Cielo, y así poder llegar
más pronto a la capital. Mas Ella le salió al encuentro en el camino por
donde iba y le dijo: “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es
nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no temas esa
enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy
tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por
ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra
cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella:
está seguro que ya sanó... Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre del
cerrillo, allí donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes
flores; córtalas, júntalas, recógelas; en seguida baja y tráelas a mi
presencia.”

Juan Diego subió a la cumbre del cerro y se asombró muchísimo al ver tantas
y exquisitas rosas de Castilla, siendo aquel un tiempo de mucho hielo en el
que no aparece rosa alguna por allí, y menos en esos pedregales. Llenó su
poncho o larga ruana blanca con todas aquellas bellísimas rosas y se
presentó a la Señora del Cielo.
Ella le dijo: “Hijo mío el más pequeño, esta diversidad de rosas es la
prueba y señal que llevarás al obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella
mi voluntad y que él tiene que cumplirla: Tú eres mi embajador, muy digno de
confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del obispo despliegues
tu manta y descubras lo que llevas. Contarás bien todo; dirás que te mandé
subir a la cumbre del cerrillo que fueras a cortar flores; y todo lo que
viste y admiraste; para que puedas inducir al prelado a que te dé su ayuda,
con objeto de que se haga y erija el templo que he pedido.”
Juan Diego se puso en camino, ya contento y seguro de salir bien. Al llegar
a la presencia del Obispo le dijo: “Señor, hice lo que me ordenaste, que
fuera a decir a mi Ama, la Señora del Cielo, Santa María, preciosa Madre de
Dios, que pedías una señal para poder creerme que le has de hacer el templo
donde ella te pide que lo erijas; y además le dije que yo te había dado mi
palabra de traerte alguna señal y prueba, que me encargaste, de su voluntad.
Condescendió a tu recado y acogió benignamente lo que pides, alguna señal y
prueba para que se cumpla su voluntad. Hoy muy temprano me mandó que otra
vez viniera a verte; le pedí la señal para que me creyeras, según me había
dicho que me la daría; y al punto lo cumplió: me despachó a la cumbre del
cerrillo, donde antes yo la viera, a que fuese a cortar varias rosas de
Castilla (...). Ella me dijo por qué te las había de entregar; y así lo
hago, para que en ellas veas la señal que pides y cumplas su voluntad; y
también para que aparezca la verdad de mi palabra y de mi mensaje. He las
aquí: recíbelas”.
Desenvolvió luego su blanca manta, y así que se esparcieron por el suelo
todas las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en ella y apareció de
repente la preciosa imagen de la Virgen María, Madre de Dios, tal cual se
venera hoy en el templo de Guadalupe en Tepeyac. Luego que la vieron, el
Obispo y todos los que allí estaban, se arrodillaron llenos de admiración.
El prelado desató del cuello de Juan Diego la manta en que se dibujó y
apareció la Señora del Cielo y la llevó con gran devoción al altar de su
capilla. Con lágrimas de tristeza oró y pidió perdón por no haber aceptado
antes el mandato de la Virgen.
La ciudad entera se conmovió, y venían a ver y admirar la devota imagen y a
hacerle oración; y le pusieron por nombre la Virgen de Guadalupe, según el
deseo de Nuestra Señora. Juan Diego pidió permiso para ir a ver a su tío
Bernardino, que estaba muy grave. El Obispo le envió un grupo de personas
para acompañarlo. Al llegar vieron a su tío estaba muy contento y que nada
le dolía. Y vinieron a saber que había quedado instantáneamente curado en el
momento en que la Santísima Virgen dijo a Juan Diego: "No te aflija la
enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro de que ya
sanó".
El Obispo trasladó a la Iglesia Mayor la santa imagen de la amada Señora del
Cielo. La ciudad entera desfilaba para admirar y venerar la Sagrada Imagen,
maravillados todos de que hubiera aparecido por milagro divino; porque
ninguna persona de este mundo pintó su preciosa imagen.
(hasta aquí el relato indio del siglo XVI).
Descripción de la Imagen
La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe quedó impresa en un tosco tejido
hecho con fibras de maguey. Se trata del ayate, usado por los indios para
acarrear cosas y no de una tilma, que usualmente era de tejido más fino de
algodón. La trama del ayate es tan burda y sencilla, que se puede ver
claramente a través de ella, y la fibra del maguey es un material tan
inadecuado que ningún pintor lo hubiera escogido para pintar sobre el.
La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe es una maravillosa síntesis
cultural, una obra maestra que presentó la nueva fe de manera tal que pudo
ser entendida y aceptada inmediatamente por los indios mexicanos. Es
imposible de describir aquí la rica y complicada simbología que contiene
este cuadro-códice porque cada detalle de color y de forma es portador de un
mensaje teológico.
El rostro impreso en el ayate es el de una joven mestiza; una anticipación,
pues en aquel momento todavía no habían mestizos de esa edad en México.
María asume así el dolor de miles de niños, los primeros de una nueva raza,
rechazados entonces tanto por los indios como por los conquistadores. El
cuadro que se conserva en la moderna Basílica del Tepeyac mide
aproximadamente 66 x 41 pulgadas y la imagen de la Virgen ocupa unas 56
pulgadas del mismo. La Virgen está de pié y su rostro se inclina
delicadamente recordando un poco las tradicionales "Inmaculadas". Esta
oportuna inclinación evita que el empate que une las dos piezas del tejido
caiga dentro de la faz de la Virgen. El manto azul salpicado de estrellas es
la "Tilma de Turquesa" con que se revestían los grandes señores, e indica la
nobleza y la importancia del portador. Los rayos del sol circundan
totalmente a la Guadalupana como para indicar que ella es su aurora. Esta
joven doncella mexicana está embarazada de pocos meses, así lo indican el
lazo negro que ajusta su cintura, el ligero abultamiento debajo de este y la
intensidad de los resplandores solares que aumenta a la altura del vientre.
Su pie esta apoyado sobre una luna negra, (símbolo del mal para los
mexicanos) y el ángel que la sostiene con gesto severo, lleva abiertas sus
alas de águila.
La Virgen de Guadalupe se presentó ante sus hijos como la Madre del Creador
y conservador de todo el universo; que viene a su pueblo porque quiere
acogerlos a todos, indios y españoles, con un mismo amor de Madre. Con la
prodigiosa impresión en el ayate comenzaba un nuevo mundo, la aurora del
sexto sol que esperaban los mexicanos.
La imagen ha sufrido serios atentados y ha salido incólume de ácidos
corrosivos y hasta de una bomba de gran tamaño que, en 1921, un desconocido
escondió entre flores que malvadamente le ofrecía. Al explotar la bomba,
causó gran destrucción. El crucifijo de metal que estaba cerca de la Virgen
quedó retorcido y sin embargo la imagen de la Virgen quedó intacta. El
cristal del marco de su imagen no se rompió. Ver estudios
Los
Papas y la Virgen de Guadalupe
Pío X proclamó a Nuestra Señora de Guadalupe "Patrona de toda la América
Latina"; Pío XI, de "todas las Américas"; Pío XII la llamó "Emperatriz de
las Américas"; y Juan XXIII, "La misionera celeste del Nuevo Mundo" y "la
Madre de las Américas". En esta gran basílica Juan Pablo II beatificó al
indio Juan Diego el 6 de mayo de 1990.
En sus cuatro visitas a México, Juan Pablo II ha visitado el Tepeyac y
honrado con profundo amor filial a la Virgen de Guadalupe a quien ha
encomendado el continente Americano y su nueva evangelización.
La
Virgen de Guadalupe, defensora de la vida.
El Papa Juan Pablo II nos enseña que, ante la actual cultura de la muerte,
encontramos esperanza en la Virgen de Guadalupe, la gran abogada y defensora
de la vida humana. Ella apareció embarazada. Los indios comprendieron que
les visitaba la Madre de Dios. Tras la conversión, los indios cesaron de
ofrecer sacrificios humanos que hasta entonces eran comunes. Por eso la
Iglesia pide hoy día su intercesión para defender la vida contra el
genocidio del aborto y otras amenazas contra los inocentes.
En su cuarta visita a México, del 22 al 26 de enero de 1999, Juan Pablo II
puso a los pies de la Virgen el documento del sínodo de las Américas que en
aquella ocasión entregó a la Iglesia como fundamento para la Nueva
Evangelización que solo es posible por la obra del Espíritu Santo. La Virgen
es la que propicia la obra divina con su FIAT. Así es corredentora con su
Hijo Jesucristo. La cuarta visita del Papa a México coincidió con el 26
aniversario de la legalización del aborto en USA, poniéndose así de relieve
la gran batalla mundial por la dignidad de la vida humana.
Estudios Científicos sobre la Imagen de la Virgen de Guadalupe
Los asombrosos descubrimientos en torno al cuadro de la Virgen de Guadalupe
tienen a los científicos en gran asombro. Se ha formado una comisión de
científicos para investigar los fenómenos inexplicables de esta tela que era
la ruana o poncho del indio Juan Diego.
La
Fenómeno de la Tela
Lo primero que llama la atención de los expertos en textiles es que la tela
del ayate sobre el que está la imagen de la Virgen es de fibra vegetal de
maguey. Por su naturaleza, esta fibra se descompone por putrefacción en
veinte años o menos. Así ha sucedido con varias reproducciones de la imagen
que se han fabricado con este mismo tejido. Sin embargo el ayate de la
imagen ha resistido mas de 470 años en perfecto estado de conservación. Por
causas ininteligibles a los expertos, el ayate de la imagen es refractaria a
la humedad y al polvo.
La imagen de la Virgen de Guadalupe estuvo 116 años expuesta a las
inclemencias del ambiente, sin protección alguna contra el polvo, la
humedad, el calor, el humo de las velas y el continuo roce de miles y miles
de objetos que fueron tocados a la venerada imagen, además del constante
contacto de manos y besos de innumerables peregrinos. Todo esto sin que se
haya deshilachado ni desteñido su bella policromía.
El
Fenómeno de la Imagen
La pintura que cubre la tela es otro misterio. El sabio alemán Kuhn, premio
Nobel en Química, ha estudiado esta pintura, y su respuesta dejó atónitos a
los oyentes: "Estos colorantes no son ni minerales, ni vegetales, ni
animales". No han podido explicar el origen de los pigmentos que dan color a
la imagen, ni la forma en que esta fue pintado.
Se podría pensar que la tela ha resistido tanto porque la habrían encolado y
preparado de manera especial como a otras pinturas famosas, para que tuviera
gran resistencia. Pero el Señor Callaga, del instituto espacial NASA, de
Estados Unidos, la ha estudiado con aparatos de rayos infrarrojos y ha
descubierto que la tela no tiene ningún engomado ni preservativos, y que no
se puede explicar cómo esa imagen ha resistido cuatro siglos en un lienzo
tan ordinario. Con estos rayos infrarrojos se ha descubierto que la imagen
no tiene esbozos previos -como se ve en los cuadros de Rubens y Tiziano-,
sino que fue plasmada directamente, tal cual se la ve, sin tanteos ni
rectificaciones.
La imagen no tiene pinceladas. La técnica empleada es desconocida en la
historia de la pintura. Es incomprensible e irrepetible.
El
Fenómeno de las Pupilas
Un famoso oculista, Lauvvoignet, examinó con un poderoso lente la pupila de
la Virgen, y observó, maravillado, que en el iris se ve reflejada la imagen
de un hombre. Esto fue al principio de una investigación que condujo a los
más inesperados descubrimientos.
Por medio de la digitalización se observa en la pupila de una fotografía
todo lo que la persona estaba mirando en el momento de tomarse la foto. El
Dr. Tosnman, especializado en digitalización, le ha tomado fotografías a la
pupila de la Virgen de Guadalupe. Después de ampliarlas miles de veces,
logró captar detalles imposibles de ser captados a simple vista. ¡Ha
descubierto lo que la Virgen miraba en el momento de formarse la imagen en
la tilma de Juan Diego!
Los detalles que aparecen en las fotografías de la pupila de la Virgen de
Guadalupe son: un indio en el acto de desplegar su ruana ante un religioso;
un franciscano en cuyo rostro se ve deslizarse una lágrima; un hombre con la
mano sobre la barba en señal de admiración; otro indio en actitud de rezar;
unos niños y varios religiosos franciscanos más. O sea, todas las personas
que según la historia de la Virgen de Guadalupe, escrita hace varios siglos,
estaban presentes en el momento en que apareció la sagrada imagen.
Lo que es radicalmente imposible es que en un espacio tan pequeño, como la
córnea de un ojo situado en una imagen de tamaño natural, aún el más experto
miniaturista lograra pintar todas esas imágenes que ha sido necesario
ampliar dos mil veces para poderlas advertir.
La ciencia moderna se queda sin explicaciones ante las maravillas de la
imagen de la Virgen de Guadalupe. Es una realidad irrepetible. Sobrepasa
todas las posibilidades naturales, por lo que se puede decir que estamos
ante un hecho sobrenatural.
Una tilma que no se corrompe. Unos colores que no fueron pintados. Una
pupila que contiene toda la escena y todas las personas del momento del
milagro. Estamos ante una imagen que ni el tiempo ni los atentados de
hombres llenos de odio han podido vencer.
La Virgen no se impone, no reta, no humilla a sus enemigos. El milagro de su
presencia en el Tepeyac es real pero muy sutil. Es un milagro que no aparece
como tal a primera vista. Quiere ser mas bien confirmación de la verdad para
ayudar a los corazones que se han endurecido pero que aun buscan.
Para los sencillos de corazón los milagros no son necesarios para tener fe.
Ellos captan por la gracia del Espíritu el amor solícito de la Madre del
Cielo que viene por ellos.
Los enemigos de la Virgen son muchas veces personas muy poderosas, pero
pasan y se hacen polvo. La Virgen permanece como testigo del amor de Dios
que es eterno. Ella ha querido ser un faro plantado en el corazón del
continente Americano para atraer a todos a Cristo, Salvador y Vida Eterna,
única esperanza ante la ruina en que se encuentra la humanidad. Ella ha
querido darnos un milagro para ayudar a las generaciones incrédulas. Ha
querido demostrar con su característica humildad, que la ciencia tiene su
función pero también sus límites. Ella nos recuerda las palabras del ángel:
"Para Dios nada es imposible".
Oración a Nuestra Señora de Guadalupe
Patrona de México y Emperatriz de las Américas
"Madre Santísima de Guadalupe. Madre de Jesús,
condúcenos hacia tu Divino Hijo por el camino del Evangelio,
para que nuestra vida sea el cumplimiento generoso
de la voluntad de Dios
Condúcenos a Jesús,
que se nos manifiesta y se nos da en la Palabra revelada
y en el Pan de la Eucaristía
Danos una fe firme,
una esperanza sobrenatural
una caridad ardiente
y una fidelidad viva
a nuestra vocación de bautizados.
ayúdanos a ser agradecidos a Dios,
exigentes con nosotros mismos y llenos de amor
para con nuestros hermanos.
Amén"

Fuente:
http://www.corazones.org/maria/america/mexico_guadalupe.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Nuestra_Se%C3%B1ora_de_Guadalupe_%28M%C3%A9xico%29
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