“La
Rosa”

Caminaba un día por la calle cuando observé como unas nubes oscuras se
juntaban en el cielo y luego noté como la lluvia se convertía poco a poco en
una tormenta.
La
lluvia comenzó a caer, corrí y encontré un refugio bajo una cornisa a la
entrada de una casa en el momento en que la tormenta caía con más fuerza y
estruendo. Entonces miré una pequeña Rosa Roja golpeada y encorvada por las
grandes gotas de agua que constantemente la azotaban y a pesar de esto no se
rompía, sino que soportaba con increíble resistencia el gran embate de la
lluvia y cada uno de sus golpes manifestados en grandes y pesadas gotas de
agua, aguantaba.
Me
sorprendí al ver como a pesar del viento y la lluvia la pequeña Rosa Roja
soportaba el gran castigo sin ceder ni un ápice. En muchos momentos, pensé
verla caer, derrotada por la furia del agua, más sin embargo volvía a
enderezar su ya doblado tallo por la lluvia.
Al
pasar la tormenta y ver como el sol salía de entre las oscuras nubes,
aprecié con asombro como la pequeña y frágil Rosa Roja estaba aún en su
lugar con su tallo erguido hacia el cielo, mostrando con mucho honor sus
bellos pétalos rojos, en señal de su victoria ante las fuerzas de la misma
naturaleza a la cual pertenece.
Reflexión
Por: David
Velásquez Céspedes
Esta Anécdota me hizo recapacitar acerca de mi vida, pues al recordar como
la indefensa Rosa Roja luchaba por seguir en pie ante la tempestad y después
de observar cuan dura había sido su lucha, me recordó las dificultades que
había tenido en mi vida y de cómo muchas veces había sentido que ya no podía
más; pero al imaginarme la Rosa Roja en pie y victoriosa, recordé aquel
pasaje de La Biblia, donde Jesús nos dice que nosotros valemos más que las
flores del campo y los pajarillos del cielo, y pensé: “Si Jesús dio fuerza a
esa pequeña Rosa Roja, que no ama, no camina y no tiene razón de soportar la
tormenta, cuanto más cuidará de mí siendo Hijo de Dios y heredero de la Vida
Eterna”.
Desde entonces no dejo que nada me asuste, atemorice o desanime. ¿Por qué he
de temer?, si Dios ha dicho en Isaías 41,10: “No temas porque yo
estoy contigo, no te inquietes, por que yo soy tu Dios; yo te fortalezco y
te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa”. Entonces si Dios está
conmigo nada me hará perecer y cada vez que siento desfallecer, visualizo
aquella pequeña Rosa Roja la cual me enseñó cuanto valgo y lo duro que he de
pelear en este mundo; pero también me hace recordar el Amor que me tiene
aquel que dio fuerza a la Rosa Roja para que pudiera resistir… ¡Gracias
Jesús!, por ayudarme a resistir.
Jesús nos habla en Filipenses 4,13: “Todo lo puedes hacer en Cristo
que te fortalece”. Nuevamente nos hace el llamado a que depositemos nuestra
confianza en Él y así solucionar todos nuestros problemas con su ayuda.
