Índice:
Inmaculada Concepción de María
Cantos de
la Purísima
Como rezar
la Novena
Orígenes
de la Purísima
Dogma
de la Inmaculada Concepción de María

Llena de Gracia, el nombre mas bello de María. Benedicto XVI,
2006

Juan Pablo II sobre La Inmaculada
Concepción

Fundamento Bíblico

La Concepción

Oración a la Inmaculada Virgen María

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Especial de Adviento
Especial de la Virgen de
Guadalupe
Especial de Navidad
(2010)
¿Quién Causa tanta Alegría
..... ????
!!!!
LA CONCEPCIÓN DE MARIA !!!!!!

La Celebración de la
Inmaculada Concepción de María o
Celebración
de la Purísima, como es popularmente conocida en nuestro amado país
Nicaragua;
es uno de los dogmas de fé de la Santísima Virgen María que particularmente
caracteriza a nuestro pueblo San Rafael del sur como un pueblo totalmente mariano.
Este 28 de Noviembre Primer Domingo de Adviento inicia nuestra novena para
celebrarla en grande el próximo 7 de Diciembre conocido popularmente
como el día de la Gritería en donde se escuchan los rezos de las novenas en
Parroquias, hogares,
Instituciones Públicas y Privadas, en las calles; en fin nadie tiene el pretexto de no
cantarle y rezarle a la Madre de Nuestro Señor Jesucristo, La Purísima
Concepción de María y gritar:
¿ Quién Causa tanta Alegría
...?
!!!
LA CONCEPCIÓN DE MARIA !!!
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea,
Pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María,
Te ofrezco en este día Alma, vida y corazón.
¡Mírame con compasión!
¡No me dejes, madre mía!
En nuestra parroquia inician los rezos del Novenario desde este
Domingo
28 de Noviembre del 2010 en los diferentes sectores del Municipio San
Rafael del Sur, los cuales
están acompañados de otras actividades relacionadas a conocer más
a fondo nuestra religión y el motivo de la celebración de éste dogma,
tales como celebración de la Santa Eucaristía seguida de diferentes
Charlas impartidas por
laicos y se finaliza con la Novena.
Las novenas culminan el 6 de Diciembre, el 7 de Diciembre se
lleva a cabo La Gritería y cerramos con la celebración de la Inmaculada
Concepción de María Santísima el 8 de Diciembre.
Sin embargo, es importante remarcar que el día de la
Inmaculada Concepción de María Santísima es el 8 de Diciembre,
día en que a la vez, se realizan las primeras comuniones de los
niños que a lo largo del año recibieron su respectiva Catequesis.
Esperamos contar con su asistencia y puntualidad en cada uno de los
rezos así como en cada una de las actividades realizadas en nuestra
parroquia y feligresía católica de nuestra comunidad.
Cantos
de la Purísima:
-
Tu Gloria
- Tu Gloria
- Adiós Reina del
Cielo
- Escuchad Oh tierna madre
-
Toda hermosa eres María
- Por eso el
cristianismo
- Las tres Avemarías
- Oh
Virgen de Concepción
- Dulces Himnos
- Sale al mundo
- Pues concebida
- Alabado sea el Santísimo
- Eres tu Pastora
- Salve Salve
-
Virgencita incomparable
- Salve
Virgen Bella
-
Sagrada Reina del Cielo
- Salve Azucena
Divina
Rezo de la Novena y la Gritería:
Novena:
Día primero
Día segundo
Día tercero
Día cuarto
Día quinto
Día sexto
Día Séptimo
Día octavo
Noveno y último día
Orígenes de la Purísima y/o Gritería:
¿Quién causa tanta alegría?
! La
Concepción de María !
En Diciembre Nicaragua entera
se entrega al fervor Mariano, es el mes en que la fe religiosa se interpone
ante cualquier situación.
La iglesia celebra esta fiesta
el 8 de Diciembre. Esta tradición data de varios siglos, y fue traída a
nuestro continente por los españoles, específicamente los hermanos
franciscanos.
La celebración de la Purísima
en Nicaragua es la más arraigada y desbordante expresión de religiosidad
popular nicaragüense.
Surgió en la ciudad de León, en
la iglesia de San Francisco a principios del siglo XVIII.
Un antiguo documento del
apostolado de la Buena Prensa del Colegio Salesiano de Masaya, identifica el
origen de la celebración de la Purísima como la única en su forma en
Nicaragua, y remonta la fiesta hasta el 7 de diciembre de 1742.
De acuerdo a la Revista "Tata
Chombo", el autor de dos cantos de La Purísima: "Por eso el Cristianismo" y
"Tu gloria, tu gloria" fue le famoso compositor de la ciudad de las flores,
Masaya,
Alejandro Vega Matus,
quien se distingue tanto en la música religiosa como profana, culta y
popular.
Lo que se reparte en la purísima
La Purísima o Inmaculada
Concepción de María llegó a nuestras tierras con el arribo de los primeros
conquistadores españoles, junto a ellos vinieron los monjes españoles,
quienes son grandes defensores del dogma de la Inmaculada. Ellos trajeron
consigo todas sus manifestaciones de fe, originarias de la tradición
sevillana, que es la cuna del culto ofrecido a la madre de Dios.
Justamente por eso Sevilla es
"la tierra de María Santísima". Los franciscanos que llegaron a León
comienzan a rezar la novena en el convento de San Francisco, donde quedan
aún recuerdos del primer templo que hubo, así como manifestaciones del
barroco en los altares actuales. Es precisamente en el Convento San Francisco
donde se dan los primeros rezos, los monjes eran los que atraían con
caramelos y golosinas a los niños y personas que rezaban el novenario.
Con el pasar del tiempo cada
vez los novenarios eran más concurridos, a tal punto que los franciscanos se
vieron en la obligación de despachar a los fieles a sus casas para que desde
ahí invocaran a la Virgen María con sus rezos y cánticos. Es así como nace
la celebración casa por casa.
El creador de La Gritería fue
monseñor Giordano Carranza, en el año 1857, que con fe y entusiasmo toca los
corazones espirituales del pueblo a visitar casa para "gritar" a la
Purísima, construyendo con sus propias manos altares y enramadas. Después
esta tradición se trasladó a Masaya y Granada, y se inició la Gritería en
todos los barrios y rinconadas de Monimbó en Masaya y sus municipios.
En Granada se celebra en forma
de novenario, correspondiéndole a cada barrio la decoración y arreglo del
altar, así como los regalos, que es una forma de compartir el amor cristiano
y celebrar con paz y alegría esa tradición. Las fiestas de La Purísima tiene
un sentido no sólo de religiosidad, sino también un sentido cultural. Han
dado lugar al arte, a la escenografía, la realización de pinturas, telones
donde se adorna el altar. Como nos dice el doctor Buitrago, hay una cantidad
de "dulcerías poesías" a la Purísima. (Caña Piña en la foto)
Relata el doctor Buitrago que
la señorita Teresita Ramírez Parajón, última descendiente de una estimable
familia, dijo que la tatarabuela, doña Magdalena Vílchez, madre del cura,
decía que en la iglesia San Francisco se celebraba la novena de la Purísima
mucho antes de la Independencia y que su hijo le había regalado una novena
de aquella época. Esta familia tiene más de 150 años de celebrar
ininterrumpidamente la Purísima.
Pero lo más importante de esta
celebración, es que no debemos olvidar la verdadera intención de esta
festividad religiosa que es la de reflexionar en el amor al prójimo,
olvidarnos del odio, el egoísmo y la evidencia que tanto esta contaminando
al mundo, despojarnos de las ambiciones de poder y sobre todo no olvidarnos
de adorar al único: El Hijo de Dios.
“Un caso único de fe,
conciencia y tradición, se hace costumbre popular única: Esta es la Purísima
y su cultura mariana”, dijo a La Prensa Literaria, el Vicario de Educación
de la Iglesia Católica, Silvio Fonseca Martínez, quien agregó que ni el
Himno Nacional de Nicaragua, nos identifica tanto en el mundo como lo ha
hecho el grito jubiloso de: ¿Quién causa tanta alegría? Este (grito) es el
mayor símbolo cultural y religioso, que identifica al nicaragüense en el
exterior —niño, joven y adulto— aunque no sea de la hermandad católica,
proclamó con ánimo desde el altar de su iglesia.
Las celebraciones de las
Purísimas de León y Granada, en diciembre, son para Monseñor Silvio Fonseca
dos expresiones de fe no opuestas, pero sí muy diferentes en sus
manifestaciones festivas y tradicionales. Sus orígenes coloniales están
marcados por sus variaciones religiosas y culturales de sus comunidades y
sus líderes católicos-marianos.
En el caso de la ciudad de
León, fueron los antiguos franciscanos los que trajeron y cultivaron con
amor y alegría la devoción de la Inmaculada Concepción, institucionalizada
en el siglo pasado (7 Dic. 1854, por el Papa Pío IX) con la proclamación de
su dogma promovido por el franciscano Duns Scotto. Es relevante recordar que
la propagación de este credo mariano por parte de los franciscanos tiene
unos ocho siglos, cuando España comenzó a celebrar a la “Señora del
Rosario”.
En Granada, la llegada de la
imagen tiene otros inicios. Un punto de partida histórica va con el nombre
de la Fortaleza del Castillo Inmaculada Concepción. Se sabe oralmente que
llegó en un barco por el Río San Juan al Gran Lago. Que no se quiso ir, y
que se quedó en Nicaragua. A esta virgen se le conoce como “La Conchita”.
Según el historiador Omar Lazo,
dos imágenes más de la Virgen Asunción y una de la Virgen de la Concepción,
llegaron navegando en pequeñas cajas a través del lago hasta Granada, y
fueron sacadas de las aguas por lavanderas del lugar que dieron parte del
hallazgo a los frailes franciscanos. Cada caja indicaba las ciudades a donde
iban dirigidas las imágenes: Juigalpa de la Asunción, Granada de la Asunción
y Masaya de la Concepción.
A esta Virgen de la Conchita,
en León le llaman La Inmaculada Concepción y en El Viejo, (Chinandega), se
le conoce como “La Virgen del Trono”, o Nuestra Señora del Viejo”. A esta
Virgen sólo la sacan una vez al año y su fiesta principal es el ocho de
diciembre; pero las actividades arrancan con su novenario el 28 de noviembre
con tiraderas de bombas y cohetes de pólvora; misas y el Santo Rosario; y
cierran el seis del mes con la “Lavada de la plata”.
Es importante destacar, que la
celebración de la Purísima en Nicaragua, es única en el mundo. Es claro que
existen otras devociones, pero no es en torno al 8 de diciembre y que lleva
por estandarte de fe y alegría el grito de: ¡Quién causa tanta alegría...!,
nos explicó el Vicario Fonseca. Por ejemplo Polonia es una nación
profundamente mariana. Ahí tienen a la Virgen Czestochowa (1655). La Cuba
revolucionaria, es otro país que celebra a la Virgen del Cobre y así
sucesivamente; pero la celebración de la tradicional Purísima es única con
sus gritos de júbilo, sus cantos devocionales, sus procesiones de calles e
inter-islas, sus “gorras” (canastas y brindis), su confraternidad festiva y
su derroche increíble de energía entre creyentes y no creyentes de todas las
edades.
La historia católica registra
otras celebraciones antiguas en el mundo como la de “Nuestra Señora de las
Nieves” (Italia-año 352), a “Nuestra Señora de Walsingham” (Inglaterra-
1061), y “Nuestra Señora del Rosario” en la España de 1208. La Virgen de
Guadalupe, es otra de las festividades de gran trascendencia mesoamericana.
Todas estas actividades marianas tienen sus particulares cualidades
conmemorativas.
La "gorra leones" y las procesiones granadinas.
Ahora en lo que refiere a las
formas populares de celebración, en León hay brindis, (“gorras”) en cambio
en Granada la Virgen sale en procesiones. Ahora en los departamentos del
norte del país y las regiones autónomas, se celebra en menor grado con las
influencias de occidente pero con sus propias expresiones religiosas y
sellos personales. Según Monseñor Fonseca, la mayor manifestación popular de
la Purísima se han dado en León, Granada y Managua.
Con relación a esta pintoresca
costumbre, de ofrecer a sus invitados variadas golosinas, manjares y
refrescos típicos, separó las ricas manifestaciones de las “conchitas”
granadinas y de las Inmaculadas leonesas. En Granada indicó, las procesiones
(incluyendo la de las islas del Gran Lago), son muy especiales, salen a
diario y las calles son adornadas. Por su lado en León se originó la
costumbre de la “gorra”, o el “brindis”, donde las personas celebraban las
purísimas, con chicha de maíz, gofios, ayote en miel, pan de rosa,
leche-burra, dulces, cañas, limones, etc. Esta tradición autóctona, sugirió
debe de preservarse por el valor cultural de su nicaraguanidad.
"La niñablanca" o "La señora del Viejo"
Se estima que un cuarto de
siglo antes del XVIII, en El Viejo (Chinandega), León y Granada ya estaba
arraigada la devoción a la imagen de la Virgen María traída por los
misioneros franciscanos españoles hace 441 años. El tema de la Purísima
Concepción de María fue sermón de mucho valor histórico pronunciado en la
parroquia de Granada por el fraile Guatemalteco José Velazco, un 7 de
diciembre de 1675. Pero regresando un poco ante la historia religiosa de la
Purísima Inmaculada Concepción de Maria, conocida hoy por los chinandeganos
de El Viejo, como La Señora del Viejo”, parece surgir firmemente en esta
cuna colonial franciscana en 1562 cuando llega al Puerto del Realejo
(antiguo Puerto de la Posesión), el español Don Lorenzo de Zepeda (o ¿Pedro
de Ahumada?), hermano de la misionera carmelita “Santa Teresa de Ávila”, y
traía consigo una pequeña imagen, considerada magnífica obra de arte de la
escuela de Sevilla. Esta imagen sacra fue depositada en la parroquia de los
hermanos franciscanos de “Chamulpa”, hoy El Viejo. En cambio, otros afirman
que su primera entrada mística a la Nicaragua colonial fue por el Lago
Cocibolca. La única verdad inobjetable es que esta devoción fue traída por
los franciscanos y popularizada por el fervor festivo del nicaragüense que
le impuso su idiosincrasia cultural mestiza.
Coronada por su santidad Juan Pablo II
Se dice que Don Lorenzo decidió
continuar su viaje a Perú llevándose a la “Niña Blanca” a pesar de los
ruegos y protestas; pero cuenta la historia que no pudo viajar porque una
tormenta en la mar lo hizo regresar. Esto fue interpretado por los nativos
como una señal:
“La Virgen no quiere irse de El
Viejo, la Inmaculada Concepción quiere quedarse”. En el año de 1663 la
imagen es colocada en su trono, en una desaparecida parroquia. En 1835 la
erupción del Volcán Cosigüina afecta sus bases, se inicia así su
reconstrucción en 1884. En 1989, durante la antesala de la derrota del FSLN,
Su Santidad el Papa Juan Pablo II decreta la Coronación Pontificia y en su
segunda visita eleva este templo mariano a la mística de Basílica. Es
oportuno señalar que la Catedral Metropolitana de Managua, lleva el nombre
de la Inmaculada Concepción. “La Virgen no quería irse y se quedó en el país
pinolero y hoy es conocida como la Patrona de Nicaragua”, decreta su fe
popular.
"Generala de los ejércitos"
Esta festividad de todos los
siete de diciembre resurge con fuerza y tradición desde 1857 en el populoso
barrio de San Felipe en León, con el impulso del párroco de la Iglesia San
Felipe, Gradiano Carranza, el que impulsó la creación de altares y encabezó
el recorrido por las calles. Tres años de haber sido publicado el Dogma de
la Inmaculada y ante sentimientos “antifilibusteros y antiprotestantes”.
Este es respaldado por un decreto presidencial, ya que se afirma que “la
Virgen unió a los nicaragüenses y centroamericanos contra la invasión
filibustera del imperialista William Walker”. Por tales méritos celestiales,
el General Tomás Martínez la declaró “Generala de los Ejércitos de
Nicaragua”. La novena se comenzó en la Iglesia de San Francisco de la misma
ciudad. Simultáneamente se celebraron a la “Generala” en Granada y en El
Viejo, donde existían misiones franciscanas. Un siglo después en 1957, se
oficializó esta gritería popular.
Es así que antes y después de
esta fecha los nicaragüenses recorrían y lo siguen haciendo siempre alegres
—y listos con sus bolsas, sacos o gorras— las calles de la noche del 7 de
diciembre deteniéndose en las casas que tienen altares. Al acercase a las
puertas de estos santuarios públicos, gritan, “¡Quién causa tanta alegría!”
y la gente, que está o en los frentes de sus casas responde: “¡¿La
Concepción de María?!”. Con ese grito espectacular, se inician los cantos y
la repartidera entre grandes y chicos que corean los versos de “Tu Gloria,
Tu Gloria”, “Por eso el Cristianismo”, “Oh Virgen de Concepción”, “Salve
Virgen Bella”, “Salve, Salve Cantando a María”, “Dulces Himnos”, y la
tradicional “Toda Hermosa Eres María.
¿Quién causa tanta alegría?
! La
Concepción de María !

Dogma de la Inmaculada Concepción de María


La Inmaculada Concepción de
María es el dogma de fe que declara que, por una gracia especial de Dios,
Ella fue preservada de todo pecado desde su concepción.
En el año 2004 se celebró el 150 aniversario de la Proclamación del Dogma de
que María fue concebida sin pecado original, sin mancha. El dogma fue
proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula
Ineffabilis Deus.
"...declaramos, proclamamos y definimos que la
doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de
todo mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por
singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos
de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelado por Dios y debe
ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles ... " Pío
IX, bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de (1854)
La Concepción: Es el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la
materia orgánica procedente de los padres. La concepción es el momento en
que comienza la vida humana. María quedó preservada de toda carencia de
gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa
Ana. Es decir, María es la "llena de gracia" desde su concepción. Cuando
hablamos de la Inmaculada Concepción no se trata de la concepción de Jesús,
quien, claro está, también fue concebido sin pecado.
"Dios inefable, (...) habiendo provisto desde toda la eternidad la ruina
lamentabilísima de todo el género humano que había de derivarse de la culpa
de Adán, y habiendo determinado, en el misterio escondido desde todos los
siglos, culminar la primera obra de su bondad por
medio de la encarnación del Verbo (...), eligió y señaló desde el principio
y antes de todos los siglos a su unigénito Hijo, una Madre, para que, hecho
carne de Ella, naciese en la feliz plenitud de los tiempos; y tanto la amó
por encima de todas las criaturas, que solamente en Ella se complació con
señaladísima benevolencia
Como nos indican las anteriores palabras de Pío IX, la concepción inmaculada
de la Virgen María es un maravilloso misterio de amor. La Iglesia lo fue
descubriendo poco a poco, al andar de los tiempos. Hubieron de transcurrir
siglos hasta que fuera definido como dogma de fe.
Dirijamos, pues, nuestra mirada en este tiempo de Adviento a María, que
preparó a conciencia el primer y verdadero adviento. Nadie como Ella supo
interpretar los signos de los tiempos, sintiendo que el Señor estaba cerca,
Ella oró como nadie con el Salmo 24:
"Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú
eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza"
Y cuando le fue propuesta la maternidad, nada menos que del mismísimo Hijo
de Dios, no quiso decir que no. Su vida fue un "sí "rotundo a los planes de
Dios.
Siendo Ella, con su sí, quien propició que el Dios lejano se hiciera
nuestro, y a partir de la encarnación de su Hijo, Dios tuviera otro título
que antes no tenía: Emmanuel", el Dios con nosotros, el Salvador, el que
puso su tienda entre nosotros.
Parece que de María tendríamos que explayarnos hasta la última semana de
Adviento, pero quién mejor que Ella para abrir y disponer los corazones para
que esta Navidad no tenga las características de ser sólo una fiesta más, o
mejor la fiesta de las fiestas, donde hay de todo, pero donde se siente
muchas veces un vacío, no tanto por las cosas de las que no se pudo disponer
para la fiesta y el festejo, sino precisamente por no haber dispuesto el
corazón, para hacer ahí el Adviento, la llegada, la recepción y la acogida
para el recién nacido.
Navidad será entonces un festejo anticipado de la Pascua del Señor. Sin su
encarnación, no hubiera sido posible ni la entrega, ni la redención, ni la
cruz; pero tampoco la Resurrección y la vuelta de los hijos de Dios a la
casa, al Reino, a los brazos amorosos del buen Padre Dios. La Navidad nos
hermanará en torno al Divino Niño, nos hará compadecernos y enternecernos a
la vista de quien se convierte en la presencia más cercana del Dios de los
Cielos, y de la tierra.
María es un signo anticipado: de limpieza, de belleza, de santidad, de
perfección, de plenitud, de vida nueva, de victoria pascual. Es un anticipo
del ideal humano, del proyecto que Dios había soñado para el hombre. Un
modelo, por lo tanto, para cada persona humana, para cada creyente, para la
Iglesia, para la humanidad. Lo que tanto soñamos y deseamos es posible, en
María se ha realizado ya.
Alegre aurora. Cuando aparecen las primeras luces del día, cuando amanece o
mañanea, admiramos los tonos de color que vencen la oscuridad nocturna, Y
nos alegramos. La luz, además de ofrecernos claridad, nos llena de alegría.
Así es la Virgen Inmaculada, suave luz que anuncia victoria sobre el pecado
y la muerte, señal segura de que se acerca el día, buena noticia para todos
los hijos de la noche, causa de nuestra alegría.
Alegría verdadera, porque nos garantiza salvación y victoria. Después de
tantos fracasos, después de tantas derrotas, por fin podemos levantar
cabeza. El poder de las tinieblas ha sido superado. En la madre aparece un
punto de luz primero, como una flor, pero la luz va creciendo hasta el
encanto. Es un regalo, no sólo para los ojos, sino para toda el alma.
Pero la aurora es un anuncio solamente, ella no tiene identidad propia, es
una adelantada de otra realidad original, que es el sol. La aurora no es el
día, sino que lo anuncia, lo prepara. Sus luces y colores no son propios,
sino del sol. La aurora es algo relativo, sin el sol nada sería. Así es
María con relación a Cristo, nuestro día y nuestro sol.
Llena de Gracia, el nombre mas bello de María.
Benedicto XVI, 2006

Queridos hermanos y hermanas:
Celebramos hoy una de las fiestas de la bienaventurada Virgen más bellas y
populares: la Inmaculada Concepción. María no sólo no cometió pecado alguno,
sino que quedó preservada incluso de esa común herencia del género humano
que es la culpa original, a causa de la misión a la que Dios la había
destinado desde siempre: ser la Madre del Redentor.
Todo esto queda contenido en la verdad de fe de la Inmaculada Concepción. El
fundamento bíblico de este dogma se encuentra en las palabras que el Ángel
dirigió a la muchacha de Nazaret: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo» (Lucas 1, 28). «Llena de gracia», en el original griego
«kecharitoméne», es el nombre más bello de María, nombre que le dio el mismo
Dios para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida,
la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, «el amor encarnado de
Dios» (encíclica «Deus caritas est», 12).
Podemos preguntarnos: ¿por qué entre todas las mujeres, Dios ha escogido
precisamente a María de Nazaret? La respuesta se esconde en el misterio
insondable de la divina voluntad. Sin embargo, hay un motivo que el
Evangelio destaca: su humildad. Lo subraya Dante Alighieri en el último
canto del «Paraíso»: «Virgen Madre, hija de tu hijo, humilde y alta más que
otra criatura, término fijo del consejo eterno» (Paraíso XXXIII, 1-3). La
Virgen misma en el «Magnificat», su cántico de alabanza, dice esto:
«Engrandece mi alma al Señor… porque ha puesto los ojos en la humildad de su
esclava» (Lucas 1, 46.48). Sí, Dios se sintió prendado por la humildad de
María, que encontró gracia a sus ojos (Cf. Lucas 1, 30). Se convirtió, de
este modo, en la Madre de Dios, imagen y modelo de la Iglesia, elegida entre
los pueblos para recibir la bendición del Señor y difundirla entre toda la
familia humana.
Esta «bendición» es el mismo Jesucristo. Él es la fuente de la «gracia», de
la que María quedó llena desde el primer instante de su existencia. Acogió
con fe a Jesús y con amor lo entregó al mundo. Ésta es también nuestra
vocación y nuestra misión, la vocación y la misión de la Iglesia: acoger a
Cristo en nuestra vida y entregarlo al mundo «para que el mundo se salve por
él» (Juan 3, 17).
Queridos hermanos y hermanas: la fiesta de la Inmaculada ilumina como un
faro el período de Adviento, que es un tiempo de vigilante y confiada espera
del Salvador. Mientras salimos al encuentro de Dios, que viene, miremos a
María que «brilla como signo de esperanza segura y de consuelo para el
pueblo de Dios en camino» («Lumen gentium», 68). Con esta conciencia os
invito a uniros a mí cuando, en la tarde, renueve en la plaza de España el
tradicional homenaje a esta dulce Madre por la gracia y de la gracia. A ella
nos dirigimos ahora con la oración que recuerda el anuncio del ángel.
Juan Pablo II sobre La Inmaculada Concepción

1. En la
reflexión doctrinal de la Iglesia de oriente, la expresión llena de gracia,
como hemos visto en las anteriores catequesis, fue interpretada, ya desde el
siglo VI, en el sentido de una santidad singular que reina en María durante
toda su existencia. Ella inaugura así la nueva creación.
Además del relato lucano de la Anunciación, la Tradición y el Magisterio han
considerado el así llamado Protoevangelio (Gn 3, 15) como una fuente
escriturística de la verdad de la Inmaculada Concepción de María. Ese texto,
a partir de la antigua versión latina: «Ella te aplastara la cabeza», ha
inspirado muchas representaciones de la Inmaculada que aplasta la serpiente
bajo sus pies.
Ya hemos recordado con anterioridad que esta traducción no corresponde al
texto hebraico, en el que quien pisa la cabeza de la serpiente no es la
mujer, sino su linaje, su descendiente. Ese texto por consiguiente, no
atribuye a María sino a su Hijo la victoria sobre Satanás. Sin embargo, dado
que la concepción bíblica establece una profunda solidaridad entre el
progenitor y la descendencia, es coherente con el sentido original del
pasaje la representación de la Inmaculada que aplasta a la serpiente, no por
virtud propia sino de la gracia del Hijo.
2. En el mismo texto bíblico, además se proclama la enemistad entre la mujer
y su linaje, por una parte, y la serpiente y su descendencia, por otra. Se
trata de una hostilidad expresamente establecida por Dios, que cobra un
relieve singular si consideramos la cuestión de la santidad personal de la
Virgen. Para ser la enemiga irreconciliable de la serpiente y de su linaje,
María debía estar exenta de todo dominio del pecado. Y esto desde el primer
momento de su existencia.
A este respecto, la encíclica Fulgens corona, publicada por el Papa Pío XII
en 1953 para conmemorar el centenario de la definición del dogma de la
Inmaculada Concepción, argumenta así: «Si en un momento determinado la
santísima Virgen María hubiera quedado privada de la gracia divina, por
haber sido contaminada en su concepción por la mancha hereditaria del
pecado, entre ella y la serpiente no habría ya –al menos durante ese periodo
de tiempo, por más breve que fuera– la enemistad eterna de la que se habla
desde la tradición primitiva hasta la solemne definición de la Inmaculada
Concepción, sino más bien cierta servidumbre» (MS 45 [1953], 579).
La absoluta enemistad puesta por Dios entre la mujer y el demonio exige, por
tanto, en María la Inmaculada Concepción, es decir, una ausencia total de
pecado, ya desde el inicio de su vida. El Hijo de María obtuvo la victoria
definitiva sobre Satanás e hizo beneficiaria anticipadamente a su Madre,
preservándola del pecado. Como consecuencia, el Hijo le concedió el poder de
resistir al demonio, realizando así en el misterio de la Inmaculada
Concepción el más notable efecto de su obra redentora.
3. El apelativo llena de gracia y el Protoevangelio, al atraer nuestra
atención hacia la santidad especial de María y hacia el hecho de que fue
completamente librada del influjo de Satanás, nos hacen intuir en el
privilegio único concedido a María por el Señor el inicio de un nuevo orden,
que es fruto de la amistad con Dios y que implica, en consecuencia, una
enemistad profunda entre la serpiente y los hombres.
Como testimonio bíblico en favor de la Inmaculada Concepción de María, se
suele citar también el capitulo 12 del Apocalipsis, en el que se habla de la
«mujer vestida de sol» (Ap 12, 1). La exégesis actual concuerda en ver en
esa mujer a la comunidad del pueblo de Dios, que da a luz con dolor al
Mesías resucitado. Pero, además de la interpretación colectiva, el texto
sugiere también una individual cuando afirma: «La mujer dio a luz un hijo
varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro» (Ap 12,
5). Así, haciendo referencia al parto, se admite cierta identificación de la
mujer vestida de sol con María, la mujer que dio a luz al Mesías. La
mujercomunidad está descrita con los rasgos de la mujerMadre de Jesús.
Caracterizada por su maternidad, la mujer «está encinta, y grita con los
dolores del parto y con el tormento de dar a luz» (Ap 12, 2). Esta
observación remite a la Madre de Jesús al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25),
donde participa, con el alma traspasada por la espada (cf. Lc 2, 35), en los
dolores del parto de la comunidad de los discípulos. A pesar de sus
sufrimientos, está vestida de sol, es decir, lleva el reflejo del esplendor
divino, y aparece como signo grandioso de la relación esponsal de Dios con
su pueblo.
Estas imágenes, aunque no indican directamente el privilegio de la
Inmaculada Concepción, pueden interpretarse como expresión de la solicitud
amorosa del Padre que llena a María con la gracia de Cristo y el esplendor
del Espíritu.
Por ultimo, el Apocalipsis invita a reconocer mas particularmente la
dimensión eclesial de la personalidad de María: la mujer vestida de sol
representa la santidad de la Iglesia, que se realiza plenamente en la
santísima Virgen, en virtud de una gracia singular.
4. A esas afirmaciones escriturísticas, en las que se basan la Tradición y
el Magisterio para fundamentar la doctrina de la Inmaculada Concepción,
parecerían oponerse los textos bíblicos que afirman la universalidad del
pecado.
El Antiguo Testamento habla de un contagio del pecado que afecta a «todo
nacido de mujer» (Sal 50, 7; Jb 14, 2). En el Nuevo Testamento, san Pablo
declara que, como consecuencia de la culpa de Adán, «todos pecaron» y que
«el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación» (Rm 5,
12. 18). Por consiguiente, como recuerda el Catecismo de la Iglesia
católica, el pecado original «afecta a la naturaleza humana», que se
encuentra así «en un estado caído». Por eso, el pecado se transmite «por
propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una
naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales» (n.
404). San Pablo admite una excepción de esa ley universal: Cristo, que «no
conoció pecado» (2 Co 5, 21) y así pudo hacer que sobreabundara la gracia
«donde abundo el pecado» (Rm 5, 20).
Estas afirmaciones no llevan necesariamente a concluir que María forma parte
de la humanidad pecadora. El paralelismo que san Pablo establece entre Adán
y Cristo se completa con el que establece entre Eva y María: el papel de la
mujer, notable en el drama del pecado, lo es también en la redención de la
humanidad.
San Ireneo presenta a María como la nueva Eva que, con su fe y su
obediencia, contrapesa la incredulidad y la desobediencia de Eva. Ese papel
en la economía de la salvación exige la ausencia de pecado. Era conveniente
que, al igual que Cristo, nuevo Adán, también María, nueva Eva, no conociera
el pecado y fuera así más apta para cooperar en la redención.
El pecado, que como torrente arrastra a la humanidad, se detiene ante el
Redentor y su fiel colaboradora. Con una diferencia sustancial: Cristo es
totalmente santo en virtud de la gracia que en su humanidad brota de la
persona divina; y María es totalmente santa en virtud de la gracia recibida
por los méritos del Salvador.
La Inmaculada
Concepción de la Santísima Virgen María tiene un llamado para nosotros:
1-Nos llama a la purificación. Ser puros para que Jesús resida en nosotros.
2-Nos llama a la consagración al Corazón Inmaculado de María, lugar seguro
para alcanzar conocimiento perfecto de Cristo y camino seguro para ser
llenos del Espíritu Santo.
"Con la Inmaculada
Concepción de María comenzó la gran obra de la Redención, que tuvo lugar
con la sangre preciosa de Cristo. En Él toda persona está llamada a
realizarse en plenitud hasta la perfección de la santidad"
Juan Pablo II, 5-XII-2003.
Fundamento Bíblico

La Biblia no
menciona explícitamente el dogma de la Inmaculada Concepción, como tampoco
menciona explícitamente muchas otras doctrinas que la Iglesia recibió de los
Apóstoles. La palabra "Trinidad", por ejemplo, no aparece en la Biblia. Pero
la Inmaculada Concepción se deduce de la Biblia cuando ésta se interpreta
correctamente a la luz de la Tradición Apostólica.
El primer pasaje que contiene la promesa de la redención (Genesis 3:15)
menciona a la Madre del Redentor. Es el llamado Proto-evangelium, donde Dios
declara la enemistad entre la serpiente y la Mujer. Cristo, la semilla de la
mujer (María) aplastará la cabeza de la serpiente. Ella será exaltada a la
gracia santificante que el hombre había perdido por el pecado. Solo el hecho
de que María se mantuvo en estado de gracia puede explicar que continúe la
enemistad entre ella y la serpiente. El Proto-evangelium, por lo tanto,
contiene una promesa directa de que vendrá un redentor. Junto a El se
manifestará su obra maestra: La preservación perfecta de todo pecado de su
Madre Virginal.
En Lucas 1:28 el ángel Gabriel enviado por Dios le dice a la Santísima
Virgen María «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.». Las
palabras en español "Llena de gracia" no hace justicia al texto griego
original que es "kecharitomene" y significa una singular abundancia de
gracia, un estado sobrenatural del alma en unión con Dios. Aunque este
pasaje no "prueba" la Inmaculada Concepción de María ciertamente lo sugiere.
El Apocalipsis narra sobre la «mujer vestida de sol» (Ap 12,1). Ella
representa la santidad de la Iglesia, que se realiza plenamente en la
Santísima Virgen, en virtud de una gracia singular. Ella es toda esplendor
porque no hay en ella mancha alguna de pecado. Lleva el reflejo del
esplendor divino, y aparece como signo grandioso de la relación esponsal de
Dios con su pueblo.
La Concepción:
Es el momento en el cual Dios
crea el alma y la infunde en la materia orgánica procedente de los padres.
La concepción es el momento en que comienza la vida humana.
Cuando hablamos del dogma de la Inmaculada Concepción no nos referimos a la
concepción de Jesús quién, claro está, también fue concebido sin pecado. El
dogma declara que María quedó preservada de toda carencia de gracia
santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Es
decir María es la "llena de gracia" desde su concepción.
La Encíclica "Fulgens corona", publicada por el Papa Pío XII en 1953 para
conmemorar el centenario de la definición del dogma de la Inmaculada
Concepción, argumenta así: «Si en un momento determinado la Santísima Virgen
María hubiera quedado privada de la gracia divina, por haber sido
contaminada en su concepción por la mancha hereditaria del pecado, entre
ella y la serpiente no habría ya -al menos durante ese periodo de tiempo,
por más breve que fuera- la enemistad eterna de la que se habla desde la
tradición primitiva hasta la solemne definición de la Inmaculada Concepción,
sino más bien cierta servidumbre»
Oración
a la Inmaculada Virgen María
Santísima Virgen, yo creo y confieso
vuestra Santa e
Inmaculada Concepción pura y sin mancha.
¡Oh Purísima Virgen!,
por vuestra pureza virginal,
vuestra Inmaculada Concepción y
vuestra gloriosa cualidad de Madre de Dios,
alcanzadme de vuestro amado Hijo la humildad,
la caridad, una gran pureza de corazón,
de cuerpo y de espíritu,
una santa perseverancia en el bien,
el don de oración,
una buena vida y una santa muerte.
Amén"

Fuente:
http://www.touring-costarica.com/purisima.html
http://webcatolicodejavier.org/dogmainmac.html
http://www.corazones.org/maria/ensenanza/inmaculada_conc.htm