
Vigilia Pascual
S.E.R. Mons. Silvio Báez Ortega
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lectura: Ex 14,15-15,1a. El Señor salvó en el mar a Israel de manos de los
egipcios.
El relato se puede dividir en tres partes: Israel delante del mar (vv. 11-14); en medio del mar (vv. 15-25); al otro lado del mar (vv. 26-31). Se trata de un relato fundacional de la historia de Israel. Con él se quiere dar una explicación de la existencia y de la fe del antiguo pueblo de la alianza. Es un relato de nacimiento. Narra el nacimiento de un pueblo. Un grupo de esclavos, llenos de temor, entran por fe en la muerte (en el mar) y llegan a ser un pueblo de hombres libres. Es un relato de fe, que presenta la superación de la esclavitud y de la muerte por medio de la fe. Es la proclamación de la acción liberadora de Dios a favor de su pueblo.
7 lectura: Ezequiel 36,16-17a.18-28. Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo.
En la época del exilio Ezequiel anuncia una novedad radical en la experiencia religiosa de Israel. El pecado del pueblo ha profanado el nombre del Señor. Dios decide ahora mostrar su santidad, purificando a Israel y llevándolo de regreso a su tierra. Pero ni la purificación exterior, ni el regreso material del exilio bastan. Se anuncia la interiorización de la relación con Dios, a través de una acción decisiva del Señor en el corazón del hombre. Dios arrancará su corazón duro y egoísta, “el corazón de piedra”, le infundirá su mismo espíritu y le colocará un nuevo corazón. Así podrán no solamente habitar en la tierra dada a sus padres, sino también “guardar y cumplir mis mandatos”.
8 lectura: Romanos 6,3b-11. Por el bautismo hemos muerto y resucitado con Cristo.
Entrando en las aguas del bautismo, el creyente se sumerge, simbólicamente es incorporado a la muerte de Cristo; saliendo de las aguas, revive, como “Cristo que fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre”. El simbolismo del sacramento es radicalmente eficaz. La existencia del creyente queda absolutamente renovada (v. 5). Para expresar nuestra unión con Cristo en la bautismo, Pablo utiliza una imagen vital, a través del adjetivo synphutos, que indica la acción de “injertar” vitalmente. La antigua condición pecadora queda destruida para siempre, como murió Cristo en la cruz; la nueva condición del creyente es absoluta y definitiva novedad, a imagen del Resucitado, “que ya no muere más” y “su vivir es un vivir para Dios” (v. 10).
Evangelio: Lucas 24,1-12
El relato es colocado cronológicamente “el primer día después del sábado” (v. 1). De esta forma, con la mención del día en que la comunidad cristiana celebraba el recuerdo de la resurrección del Señor, se da un sabor litúrgico los acontecimientos narrados. Las mujeres se dirigen al sepulcro “al amanecer”, es decir, apenas pasado el día sagrado de los judíos, con los aromas que habían preparado para la sepultura de Jesús, pero que no habían podido utilizar pues cuando fue sepultado el sábado estaba ya por iniciar (Lc 23,56).
Lucas habla con especial interés de “las mujeres” que seguían a Jesús y
le servían durante su ministerio público (Lc 8,1-3). Estas mismas mujeres le
acompañaron desde Galilea y habían estado presentes observándolo todo
atentamente en el momento de la crucifixión (Lc 23,49) y de la sepultura (Lc
23,55). Yendo al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús quieren ofrecer la
última muestra de afecto y de servicio al Maestro. Lucas quiere mostrar la
continuidad de su testimonio. Ellas han conocido de cerca a Jesús, lo han
seguido, le han servido, han sido testigos de su muerte cruel y de su sepultura.
Conocen bien toda su historia, pero todavía no han llegado al fondo del misterio
y al conocimiento último de la verdad de Jesús. Esto les será revelado
precisamente al encontrar el sepulcro vacío.
Al llegar encuentran la piedra retirada del sepulcro y al entrar “no
encontraron el cuerpo del Señor” (v. 3). El evangelista ofrece al lector aquí
una primera indicación preciosa sobre el misterio de la pascua. Jesús, el
Maestro buscado por las mujeres, el Crucificado, es llamado Kyrios,
“Señor”. Esta es su verdadera identidad. Las mujeres, sin embargo, solamente ven
un sepulcro vacío que se puede prestar a diversas interpretaciones. No prueba
nada sobre la condición gloriosa de Jesús. Se hace necesario escuchar una voz
que viene de Dios, representado por “dos hombres, vestidos con ropas
deslumbrantes” (v. 4). Son dos, porque según la tradición bíblica, en cualquier
asunto, para que el testimonio fuera válido, los testigos auténticos y creíbles
debían ser dos (Dt 19,15; Dn 12,5; Zc 4,14; 2Mac 3,26; Ap 11,1-13). Su
testimonio es el de Dios. En efecto, visten ropas luminosas, deslumbrantes, como
Jesús en la Transfiguración (Lc 9,29). Delante de ellos, las mujeres
experimentan el temor natural del hombre delante de la trascendencia y caen
rostro en tierra reconociendo la presencia del misterio divino (v.
5).
Los dos hombres se dirigen a las mujeres diciéndoles: “¿Por qué buscáis
entre los muertos al que vive? (v. 5b). Las mujeres buscaban un cadáver; la voz
del cielo, en cambio, les habla de Jesús como el que vive, como el Viviente
(griego: to zônta) por excelencia (Lc 24,23; Hch 1,3). Y añade: “No está
aquí, ha resucitado” (v. 6). O mejor, según el texto original griego, “ha sido
resucitado”, que utiliza el verbo egeirô en forma pasiva, indicando la
acción poderosa de Dios que ha intervenido resucitando a Jesús. Los dos hombres
terminan invitando a las mujeres a “recordar” lo que había dicho Jesús en sus
anuncios sobre la pasión, muerte y resurrección. Solamente la memoria, basada en
la palabra de Jesús, puede llevar a interpretar correctamente el sentido de los
acontecimientos que han ocurrido en él. Y sólo la resurrección puede ayudar a
entender plenamente el ministerio terreno de Jesús. El hecho de que Jesús esté
vivo no es el resultado de una contingencia histórica, sino que entra en el plan
de Dios. Sólo recordando lo que él hizo y dijo, entenderemos lo que significa su
resurrección, y sólo desde ella entenderemos la vida y el ministerio del
Maestro. Resucitando a Jesús, Dios confirma su opción por los pobres, los
pecadores y los últimos de este mundo, confirma la validez de su anuncio del
reino de Dios y de sus hechos liberadores en favor del
hombre.
Al final las mujeres abandonan el sepulcro y van a anunciar a los
apóstoles la alegre noticia (v. 10). La duda de los apóstoles ante las palabras
de las mujeres no es del todo negativa en el relato (v. 11). Lucas quiere
presentar a aquellos que serán los testigos de la fe pascual ante el mundo y el
fundamento de la comunidad cristina, como gente que no es ingenua. Creerán
verdaderamente cuando ellos también tengan una experiencia efectiva y real del
Resucitado. La fe apostólica no se basa en lo que otros (“las mujeres”) han
contado a los apóstoles, sino en su experiencia real de encuentro con Cristo
Resucitado. Pedro, sin embargo, va al sepulcro (v. 12) y queda lleno de estupor
ante lo sucedido. El testimonio originario de aquellas que fueron las primeras
evangelizadoras de pascua, las mujeres fieles a Jesús, y el estupor de Pedro
ante la tumba vacía, son las primeras bases de lo que será la fe cristiana en el
Señor Resucitado.