
SEGUNDO
DOMINGO DE PASCUA
(Ciclo C)
S.E.R. Mons. Silvio Báez Ortega
Fiesta de la Divina
Misericordia del Señor.
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Hechos 5,12-16: Crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.
Este es otro sumario en el que Lucas describe la vida y la misión de la primera comunidad cristiana. El poder de realizar milagros era una dimensión fundamental de la actividad misionera. La fraternidad y la concordia entre los hermanos es un rasgo característico de la comunidad cristiana post-pascual. El “pórtico de Salomón” (Hch 3,11) es el lugar de reunión de la iglesia de Jerusalén y también del “pueblo” que desea escuchar la predicación de los apóstoles.
Se hace mención del temor sagrado que se había apoderado de todos: los de fuera “no se atrevían a juntarse” a los apóstoles o a la comunidad, tal era el poder que de ellos emanaba. El temor era acompañado de admiración, incluso favorecía la adhesión a la fe y el crecimiento de la iglesia, compuesta -subraya Lucas- de “hombres y mujeres” (Hch 8,2.12; 9,2; 22,4). Tal crecimiento era signo de la presencia activa de Dios.
El v. 15 retoma el tema de la actividad taumatúrgica. Entrar en la sombra de una persona era entrar en contacto con la misma persona y con la fuerza que la animaba. De la sombra de Pedro emana una fuerza no mágica, sino divina. Pedro irradia la fuerza benéfica de Dios. El texto concluye con una descripción de la actividad taumatúrgica de los apóstoles, que recuerda la de Jesús en los evangelios (Lc 6,17-18). Los apóstoles hacen presente y continúan la obra liberadora y sanadora de Jesús.
Apocalipsis 1,9-11a.12-13.17-19: Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos.
El autor del Apocalipsis, utilizando el pseudónimo de “Juan”, se presenta como “hermano” de sus lectores. Espacialmente se sitúa en una isla, temporalmente vive su experiencia espiritual un “domingo”, día de la pascua del Señor y de la comunión cristiana a través de la liturgia. Aunque aislado por el espacio, está en comunión con los hermanos a través del domingo.
Escucha a alguien que le habla y a quien describe con ricos símbolos: activo en medio de la iglesia (caminando en medio de siete candelabros) con vestidos sacerdotales. Ante él, cae como muerto, como los profetas ante la voz de Yahvéh (Ez 1,28). El personaje lo invita a no temer y se presenta como “el primero y el último”, que abarca la totalidad y plenitud de la historia. Es Cristo Resucitado, que vive eternamente y es señor de la vida y de la muerte.
Juan 20,19-31: Jesús se presentó en medio de ellos
El evangelio de este domingo nos presenta la Resurrección de Jesús en términos de "encuentro con el Resucitado", para mostrar cómo los primeros testigos de la pascua llegaron a la fe y cómo podemos llegar también nosotros a creer. La composición del texto es muy sencilla: tiene 2 partes (vv. 19-23 y vv. 26-27) unidas por la explicación de los vv. 24-25 sobre la ausencia de Tomás. Las dos partes inician con la misma indicación sobre los discípulos reunidos y en ambas Jesús se presenta con el saludo de la paz (vv. 19.26).
a) En la primera parte del texto,en el bloque compuesto por los vv. 19-23, se nos da una indicación temporal (es el primer día de la semana) y una indicación espacial (las puertas del lugar están cerradas). La referencia al primer día de la semana, es decir, el día siguiente al sábado (el domingo) evoca las celebraciones dominicales de la comunidad primitiva y nuestra propia experiencia pascual que se renueva cada domingo.
La indicación de las puertas cerradas quiere recordar el miedo de los discípulos que todavía no creen, y al mismo tiempo quiere ser un testimonio de la nueva condición corporal de Jesús que se hará presente en el lugar. Jesús atravesará ambas barreras: las puertas exteriores cerradas y el miedo interior de los discípulos. A pesar de todo, están juntos, reunidos, lo que parece ser en la narración una condición necesaria para el encuentro con el Resucitado; de hecho Tomás sólo podrá llegar a la fe cuando está con el resto del grupo. Jesús "se presentó en medio de ellos" (v.19).
El texto habla de "resurrección" como venida del Señor. Cristo Resucitado no se va, sino que viene de forma nueva y plena a los suyos (cf. Jn 14,28: "me voy y volveré a vosotros"; Jn 16,16-17) y les comunica cuatro dones fundamentales: la Paz, el gozo, la misión, y el Espíritu Santo. Los dones pascuales por excelencia son la paz (el shalom bíblico) y el gozo (la járis bíblica), que no son dados para el goce egoísta y exclusivo, sino para que se traduzcan en misión universal. La misión que el Hijo ha recibido del Padre ahora se vuelve misión de la Iglesia: el perdón de los pecados y la destrucción de las fuerzas del mal que oprimen al hombre. Para esto Jesús dona el Espíritu a los discípulos. En el texto, en efecto, sobresale el tema de la nueva creación: Jesús "sopló sobre ellos", como Yahvé cuando creó al hombre en Gen 2,7 o como Ezequiel que invoca el viento de vida sobre los huesos secos (Ez 37). Con el don del Espíritu el Señor Resucitado inicia un mundo nuevo, y con el envío de los discípulos se inaugura un nuevo Israel que cree en Cristo y testimonia la verdad de la resurrección. Como "hombres nuevos", llenos del aliento del Espíritu en virtud de la resurrección de Jesús, deberán continuar la misión del "Cordero que quita el pecado del mundo": la misión de la Iglesia que continúa la obra de Cristo realiza la renovación de la humanidad como en una nueva obra creadora en virtud del poder vivificante del Resucitado.
b) En la segunda parte del texto, en el bloque compuesto por los vv. 26-27, se nos narra una experiencia similar vivida ocho días después. La primera vez Tomás, uno de los discípulos, no estaba presente y no cree en el testimonio de los otros que han visto al Señor (vv. 23-25). Tomás incrédulo representa al hombre de todos los tiempos, que exige pruebas, que sólo cree a través de los milagros. Quiere identificar a Jesús con las huellas de la cruz. Ocho días después otra vez están todos, incluido Tomás, y Jesús "viene" (v. 26). Es significativo el hecho que el relato utilice el verbo "venir" en presente y no en pasado: es una manera de decir que aquella experiencia se repite una y otra vez en la vida de la Iglesia. Jesús le reprocha a Tomás el no haber creído al testimonio de los otros discípulos, y lo invita a dejar de ser apistós (no-creyente) y llegar a ser pistós (creyente). El testimonio de los otros tendría que haber sido suficiente para que creyera. Es una llamada de atención para cuantos en el futuro llegarán a creer, siempre a través de la palabra, la mediación y el testimonio apostólico de los que "vieron" a Jesús. A Tomás no se le revela en particular sino en medio de la comunidad; allí - y no en otro sitio - podrá Tomás ver al Señor y profesar su fe. Después de haber visto como los otros, Tomás cree y su profesión de fe es plena: "Señor mío y Dios mío" (cf. Sal 35,23).
El texto concluye con unas palabras de Jesús que originalmente eran la
conclusión del evangelio de Juan antes de que le fuera añadido el
capítulo 21:
"Dichosos los que han creído sin haber visto" (Jn 20,29). La fe pascual
en el futuro estará siempre fundamentada en el testimonio de aquellos
primeros
discípulos que "vieron" a Jesús y han dado testimonio de ello. Esta
es la verdadera fe pascual: "todavía no lo han visto, pero lo aman; sin
verlo creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y radiante,
así
recibirán la salvación, que es la meta de su fe" (1 Pe 1,8).