Pbro. Herling
Hernández
Dios
llama de
diferentes maneras y en tiempos distintos, pero espera una repuesta
concreta a vivir la fe. Esto se da sólo en un encuentro personal con Él,
la fe no es
una doctrina es una persona.
Dios no
llama en la extraordinariedad de las cosas, eso
solamente hace daño a la fe,
he impide una repuesta concreta y se convierte en la escusa perfecta
para no hacer
nada. Una fe que nada tiene que ver con mi vida ordinaria, encuentra muy
pocos
obreros que quieran trabajar en la viña del Señor, tal fue el caso del
primer Jonás
que se resistía a cumplir la misión de ir a predicar a Nínive (Jon 1,
1-3), creen que
eso lo deben hacer otros, sacados de no se donde o los curitas o
monjitas.
Dios llama a personas comunes y corrientes para que
hablen con Él y hablen de Él,
que sepan valorar sus vidas, sus profesiones, sus trabajos, pero que
valoren en
primer lugar su fe, pero no una fe de doctrinas, sino de compromisos,
sólo esa fe
encuentra tiempo para el Señor, para formar parte de la evangelización,
en obras
de apostolado, aunque eso implique sacrificios.
Esta repuesta implica necesariamente una
conversión, dejar de pensar de manera
conformista. Tenemos que moldear nuestros pensamientos y nuestra vida
según la
voluntad de Dios, esto significa cambiar de actitudes, hay que pasar del
pasivismo
cristiano a la acción, a las obras concretas que demuestren que
verdaderamente
amamos a Dios, no sólo hay que profesar una doctrina, sino ser testigos
de una
persona que ha transformado nuestras vidas. «Si abres tu corazón y tu
mente con
disponibilidad, descubrirás "tu vocación", es decir, el
proyecto que Dios, en su
amor, desde siempre tiene preparado para ti» (Juan Pablo II).