Solemnidad
Corpus Christi


INDICE



Actividades Parroquiales de la
Solemnidad de Corpus Christi


El Santísimo Cuerpo y Sangre
de Cristo, Solemnidad

Historia de la Solemnidad
del Corpus Christi

Homilía de Benedicto XVI
en el Corpus Christi


 


 
   
El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
Solemnidad

 

 ¡Oh banquete precioso y admirable!

De las obras de santo Tomás de Aquino, presbítero.

Opúsculo 57, en la fiesta del Cuerpo de Cristo, lect. 1-4

 

 

El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipe de su divinidad,

tomó nuestra naturaleza, a fin de que hecho hombre, divinizase

a los hombres.

 

Además, entregó por nuestra salvación todo cuan tomó de nosotros.

Porque, por nuestra reconciliación ofreció, sobre el altar de la cruz,

su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como

precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava, para

que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de

todos nuestros pecados.

 

Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la

memoria de tan gran beneficio, dejó a los fieles, bajo la apariencia

de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su

sangre, para que fuese nuestra bebida.

 

¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saludable y lleno

de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, más precioso

que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer,

la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía

antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios?

 

No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él

se borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el

alma con la abundancia de todos los dones espirituales.

 

Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos para

que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la

salvación de todos.

 

Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este

sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiritual en su

misma fuente y celebramos la memoria del inmenso y sublime

amor que Cristo mostró en su pasión.

 

Por eso, para que la inmensidad de este amor se imprimiese

más profundamente en el corazón de los fieles, en la última

cena, cuando, después de celebrar la Pascua con sus discípulos,

iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituyó este

sacramento como el memorial perenne de su pasión, como el

cumplimiento de las antiguas figuras y la más maravillosa de

sus obras; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las

tristezas de su ausencia.

   
  Fuente:
   
  Historia de la Solemnidad del Corpus Christi

 

A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento

Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada

en 1124 por el Obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio

origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo

la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el

uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la

fiesta del Corpus Christi.

 

Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquellos años priora

de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta

Fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica

en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por

las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció,

hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de

su comunidad. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las

monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

 

Desde joven, Santa Juliana tuvo una gran veneración al

Santísimo Sacramento. Y siempre anhelaba que se tuviera

una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haber

intensificado por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la

apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba

la ausencia de esta solemnidad.

 

Juliana comunicó estas apariciones a Mons. Roberto de

Thorete, el entonces obispo de Lieja, también al docto Dominico

Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos y a

Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja,

más tarde Papa Urbano IV.

 

El obispo Roberto se impresionó favorablemente y, como en

ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas

para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la

celebración se tuviera el año entrante; al mismo tiempo el

Papa ordenó, que un monje de nombre Juan escribiera el oficio

para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim

(Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

 

Mons. Roberto no vivió para ver la realización de su orden,

ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se

celebró por primera vez al año siguiente el jueves posterior

a la fiesta de la Santísima Trinidad. Más tarde un obispo

alemán conoció la costumbre y la extendió por toda la

actual Alemania.

 

El Papa Urbano IV, por aquél entonces, tenía la corte en

Orvieto, un poco al norte de Roma. Muy cerca de esta

localidad se encuentra Bolsena, donde en 1263 o 1264

se produjo el Milagro de Bolsena: un sacerdote que

celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la

Consagración fuera algo real. Al momento de partir la

Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue

empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia

fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264.

Hoy se conservan los corporales -donde se apoya el cáliz

y la patena durante la Misa- en Orvieto, y también se puede

ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.

 

El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios

obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a

toda la Iglesia por medio de la bula "Transiturus" del 8

septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después

de la octava de Pentecostés y otorgando muchas indulgencias

a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.

 

Luego, según algunos biógrafos, el Papa Urbano IV encargó

un oficio -la liturgia de las horas- a San Buenaventura y a Santo

Tomás de Aquino; cuando el Pontífice comenzó a leer en voz

alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue

rompiendo el suyo en pedazos. La muerte del Papa Urbano

IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación

del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el

Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y, en el concilio

general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de

esta fiesta. En 1317 se promulga una recopilación de leyes

-por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia.

 

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo

como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas

procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas

Martín V y Eugenio IV, y se hicieron bastante comunes a

partir del siglo XIV.

 

La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306; en Worms la

adoptaron en 1315; en Strasburg en 1316. En Inglaterra

fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. En los

Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra

el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.

 

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida

en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas

y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

 

Finalmente, el Concilio de Trento declara que muy piadosa

y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la

costumbre, que todos los años, determinado día festivo,

se celebre este excelso y venerable sacramento con singular

veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea

llevado en procesión por las calles y lugares públicos.

En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por

tan inefable y verdaderamente divino bene

 

  

Solemnidad del Corpus Christi

.

 

Las palabras Corpus Christi vienen del latín y significan

Cuerpo de Cristo. En la Iglesia Católica se asocian también

al significado de Cuerpo y Sangre de Cristo, por la solemnidad

destinada a celebrar la Eucaristía.

La finalidad de esta fiesta es proclamar y aumentar la fe de

la Iglesia Católica en Jesucristo presente en el Santísimo

Sacramento, la celebración tradicionalmente se lleva a cabo

el siguiente jueves al octavo domingo después de Pascua

En muchos lugares es una fiesta de especial relevancia

y en varios países es un día feriado oficial.

En Colombia, desde 1983, la Solemnidad se celebra el

domingo siguiente al jueves, aunque se conserva un día de

descanso conocido como Emiliani (luego de la llamada

Ley Emiliani, Ley 51 de 1983).

 

Historia

 

A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento

Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en

1124 por el Obispo Alberto de Lieja. Este movimiento dio origen

a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición

y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas

durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.

Papa Urbano IV por medio de la bula Transiturus de hoc mundo

 hace extensiva dicha festividad a toda la Iglesia, en 1264.

Es el Concilio de Trento (1545 al 1563) el que finalmente

determina la celebración anual y la fecha de la celebración

“con singular veneración y solemnidad y que sea llevado en

procesión por las calles y lugares públicos”.

 

Milagros

 

El Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor son Milagros que

han congregado gran cantidad de devotos, y asociada a esta

devoción se cuentan grandes hechos, como el de Lanciano.

Ésta es una es una pequeña ciudad medieval situada en la

costa del Mar Adriático de Italia y conserva desde hace más

de doce siglos el primero y más grande de los milagros

Eucarísticos.

En la iglesia de San Longinos, en el siglo VIII, un monje de

la Orden de San Basilio, después de la Consagración dudó

de la Presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía. De pronto

sus ojos contemplaron una maravilla: la Sagrada Hostia se

convirtió en un pedazo de carne y el Sanguis en coágulos de

sangre.

Han pasado más de mil doscientos años y el trozo de carne

de forma redonda y con un hueco se conserva entre cristales

en el ostensorio de una custodia. En su base, en una pompa

de cristal, se guardan los cinco coágulos. Este relicario

expuesto a la adoración de los fieles se halla en la iglesia de

San Francisco.

El 18 de noviembre de 1970 los frailes menores conventuales,

con autorización de la Santa Sede, confiaron a los profesores

Linoli y Bertelli -éste último de la Universidad de Siena- el

análisis de tales reliquias. El 4 de marzo de 1971 dictaminaron

sus conclusiones, que fueron publicadas en numerosas revistas

científicas y en el libro de Bruno Sammaciaccia, titulado

"El milagro Eucaristico de Lanciano".

Los principales resultados de aquel análisis se pueden sintetizar así:

 

- La Carne es verdaderamente carne, la Sangre es

verdaderamente sangre. Ambas pertenecen a una persona humana.

- La Carne y la Sangre son de una persona viva, no de un cadáver.

- Ambos son del mismo grupo sanguíneo (AB).

- El diagrama de esta Sangre corresponde al de una sangre

humana que habría sido extraída de un cuerpo humano en

el mismo día en el que se hizo la prueba.

- La Carne, que es como una rebanada, está constituida de

un tejido muscular del corazón (miocardio).

- La conservación de estas reliquias, dejadas en su estado

natural durante siglos y expuestas a la acción de agentes

físicos, atmosféricos y biológicos, es un fenómeno

extraordinario e inexplicable.

- A pesar de que cada coágulo de sangre es de un tamaño

diferente, todos pesan lo mismo pesados uno a uno, y pesan

exactamente el peso de los cinco coágulos reunidos.

 

Mientras la iglesia de San Francisco está abierta, cualquier

persona puede ver el milagro permanente, y adorar a Cristo

en esas especies sacramentales.

   
  Homilía de Benedicto XVI en el Corpus Christi
 

 

En la misa celebrada ante la Basílica de San Juan de Letrán,

ROMA, jueves, 22 mayo 2008.

Queridos hermanos y hermanas:

 

Tras el tiempo fuerte del año litúrgico, que centrándose en la

Pascua se extiende durante tres meses -- primero los cuarenta

días de la Cuaresma, después los cincuenta días del Tiempo

Pascual--, la liturgia nos permite celebrar tres fiestas que tienen

un carácter "sintético": la Santísima Trinidad, el Corpus

Christi, y por último el Sagrado Corazón de Jesús.

 

¿Cuál es el significado de la solemnidad de hoy, del Cuerpo y

la Sangre de Cristo? Nos los explica la misma celebración que

estamos realizando, con el desarrollo de sus gestos fundamentales:

ante todo, nos hemos reunido alrededor del Señor para estar juntos

 en su presencia; en segundo lugar, tendrá lugar la procesión, es

decir, caminar con el Señor; por último, vendrá el arrodillarse

ante el Señor, la adoración que comienza ya en la misa y acompaña

toda la procesión, pero que culmina en el momento final de la

bendición eucarística, cuando todos nos postraremos ante Aquél

que se ha agachado hasta nosotros y ha dado la vida por nosotros.

 

Analicemos brevemente estas tres actitudes para que sean realmente

expresión de nuestra fe y de nuestra vida.

 

Reunirse en la presencia del Señor

 

El primer acto es el de reunirse en la presencia del Señor. Es lo

que antiguamente se llamaba "statio". Imaginemos por un momento

que en toda Roma sólo existiera este altar, y que se invitara a todos los

cristianos de la ciudad a reunirse aquí, para celebrar al Salvador,

muerto y resucitado. Esto nos permite hacernos una idea de cuáles

fueron los orígenes de la celebración eucarística, en Roma y en otras

muchas ciudades, a las que llegaba el mensaje evangélico: en cada

Iglesia particular había un solo obispo y, a su alrededor, alrededor

de la Eucaristía celebrada por él, se constituía la comunidad, única,

pues uno era el Cáliz bendecido y uno era el Pan partido, como

hemos escuchado en las palabras del apóstol Pablo en la segunda

lectura (Cf. 1 Corintios 10,16-17).

   
   
 

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