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| El Celibato, Virginidad y Matrimonio | |
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CELIBATO, VIRGINIDAD Y MATRIMONIO |
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P. René Grimaldi,
Sacerdote de la Prelatura del Opus Dei |
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Desde hace unos
meses han aparecido a nivel mundial, algunos artículos sobre la
conveniencia o no del celibato
sacerdotal. Me parece conveniente abordar esta cuestión desde la
perspectiva de la vocación de la persona al amor.
El ser humano ha
sido creado
para amar, lo más grande
que puede hacer es amar, sirviendo a quien tiene a su lado, un día y
otro, con ganas y sin ganas, unas veces venciendo y otras no. Sin
embargo, también ha sido creado
para ser amado y es
importante que su corazón esté lleno de un amor limpio y genuino.
Generalmente, las
personas encuentran su vocación para amar y ser amados en el
matrimonio, consorcio de
hombre y mujer para toda la vida y abierto a la vida, aventura inédita
para cada pareja, ocasión de mostrar la fidelidad al otro en las buenas
y en las malas.
Sin embargo, dice
una teóloga alemana, "para un cristiano, el amor entre varón y mujer es importante, pero no es
lo más importante; da felicidad, pero esa no es la máxima felicidad...Es
un camino para muchos, pero no el fin. Porque el fin de la vida es Dios.
Cabe también otra posibilidad para un cristiano: la posibilidad de que
Dios le llame a vivir en una intimidad especial sólo con Él. Si una
persona escucha esta llamada y está dispuesta a seguirla, renuncia por
amor a Cristo, libremente, al amor conyugal... y le hace descubrir que
Dios le quiere por sí misma. Responde a ese amor con todas las energías
del alma y del cuerpo" (Jutta Burggraf, "Hacia una nueva
comprensión de la sexualidad humana", Ediciones Promesa).
Esta concepción
cristiana de la vida hunde sus raíces en Jesucristo Nuestro Señor: en
una ocasión explicó que el matrimonio pertenece al tiempo presente, pero
no al final, "pues cuando resuciten de entre
los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como
ángeles en los cielos" (Mc 12,25), contemplando el rostro
bellísimo de Dios.
Por otra parte,
Cristo mismo señaló que incluso en el tiempo presente el matrimonio no
es para todos, pues hay algunos que renuncian a ello
"por el Reino de los Cielos"
(Mt 19,12), resaltando así el carácter voluntario y sobrenatural. Lo
sorprendente de todo esto es que
-aún
otorgando un gran valor al matrimonio como camino de santidad-
Cristo eligió para sí el celibato, para poder difundir más adecuadamente
el Reino de los Cielos.
Los primeros cristianos, incluido San Pablo lo entendieron así,
reconociendo a la virginidad y al celibato un valor más grande que al
matrimonio, en determinadas circunstancias:
"El no casado se preocupará de las cosas del Señor, de cómo agradar al
Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a
su mujer, está por tanto dividido" (I Cor 7, 32-34). Lo mismo
dice de las mujeres que permanecen vírgenes o solteras por amor a Dios.
En este contexto,
se entiende que la Iglesia pida a los candidatos al sacerdocio haber
recibido el don del celibato, básicamente por tres razones Por su
"ser": el sacerdote es Cristo
en los Sacramentos; por su "misión": el sacerdote es enviado a todas las personas y no solo a
una (como Cristo); porque |
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