|
Primero que nada, hay que decir que los católicos no adoramos a la
Virgen María.
El culto que le profesamos no es adoración, puesto que ésta corresponde
únicamente
a Dios. Los católicos “veneramos” a Santa María, porque Ella es la mujer
a quien
Dios escogió para que fuera la Madre de Cristo. Es decir, María no es
una persona
cualquiera, es la Madre del mismo Dios. Recordemos el pasaje de la
visitación:
"Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo
el niño en su
seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz,
dijo:
«Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno. »" (Lc 1,
41-42)
Isabel llama a María "Bendita tú entre las mujeres", y la llama de este
modo por
inspiración del Espíritu Santo, del cual se llena luego de escuchar el
saludo de
María. Y la Virgen misma dice en los siguientes versículos:
"Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en
Dios mi
salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por
eso desde
ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada." (Lc 1, 46-48)
María es bienaventurada por el hecho de haber sido escogida por Dios
para llevar
al Salvador en su seno, y por ello los católicos la hemos llamado así
durante "todas
las generaciones". El respeto y veneración que le profesamos los
católicos a la
Santísima Virgen tiene, por lo tanto, bases bíblicas sólidas.
María no es madre de Dios, es solamente madre de Cristo. No puede ser
madre de
Dios porque Dios es infinito y eterno y María no.
Isabel, en el pasaje de la visitación, llama a María "La madre de mi
Señor" (Lc 1, 43).
Ciertamente, el Señor es Jesús, quien es Dios mismo. Si aceptamos que
María es
verdadera y real madre del Señor Jesús, entonces Ella es, por tanto,
verdadera y
real Madre de Dios, puesto que el Señor Jesús es Dios mismo. Pretender
que María
es madre "solamente" del cuerpo físico del Señor es absurdo. El Señor
Jesús es una
persona completa. Pretender separar su divinidad y su humanidad es
absurdo, y es
una herejía conocida como nestorianismo, que dice que hay dos personas
separadas
en Cristo encarnado: una divina (el hijo de Dios) y otra humana (el hijo
de María).
La herejía fue condenada y la doctrina aclarada en el Concilio de Éfeso
en el año 431.
Lógicamente, la divinidad del Señor Jesús no proviene de María, pero no
por esto
ella deja de ser verdaderamente Su Madre. Lo mismo sucede con nosotros:
el alma
inmortal que cada uno de nosotros posee proviene directamente de Dios,
pero eso no
significa que mi madre no sea verdadera madre mía. Hay que recordar que
fue
voluntad del Señor el haberse encarnado en una mujer, y que esa Mujer
fuese su
Madre. Dios no necesitaba una Madre, pero quiso actuar así en su plan de
Salvación,
y por su Voluntad María fue elegida como Madre de Dios "porque ninguna
cosa es
imposible para Dios" (Lc 1, 37).
A María se le llama "intercesora", lo cual es antibíblico, según 1 Tim
2, 5 que dice
"Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los
hombres, Cristo
Jesús"
La Iglesia Católica nunca ha enseñado que María ocupe el lugar del Señor
Jesús, todo
lo contrario. La Iglesia ha proclamado siempre que Cristo es el único
camino para llegar
al Padre, y que sólo por Él es que somos reconciliados. Por ello, y en
este sentido, Jesús
es el único mediador entre Dios y los hombres, el único en el cual Dios
y el hombre son
reconciliados.
Sin embargo, hay otro sentido de la palabra "mediador". Por ejemplo, si
le pides a alguien
que ore por ti, entonces esa persona está "mediando" o "intercediendo"
por ti ante Dios.
En este sentido, cualquiera puede interceder ante Dios por otra persona,
y esto en nada
oscurece o disminuye la mediación y la reconciliación traída por
Jesucristo, todo lo
contrario. Y es en este sentido que decimos que Santa María es
intercesora, y lo es por
excelencia, ya que es la que más estuvo unida al Verbo Encarnado, siendo
su propia Madre.
¿Hay algún ejemplo en el cual Santa María haya intercedido por alguien
más en los
Evangelios?
La respuesta la encontramos en el pasaje de las bodas de Caná:
"Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba
allí la madre de
Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como
faltara vino,
porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre:
«No tienen vino.»
Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado
mi hora.»
Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.» Había allí
seis tinajas de piedra,
puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas
cada una. Les dice
Jesús: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba.
«Sacadlo ahora, les dice,
y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala
probó el agua
convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que
habían sacado
el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice:
«Todos sirven primero
el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has
guardado el vino bueno
hasta ahora.» Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales.
Y manifestó su
gloria, y creyeron en él sus discípulos." (Jn 2, 1-11)
El pasaje no es una simple anécdota del Evangelio, es el primer milagro
del Señor Jesús.
Juan dice que fue ahí donde Él empezó sus señales y manifestó su gloria.
María se dirige
al Señor, expresándole su preocupación por los novios con las palabras
"No tienen vino",
y espera de Él una intervención que la resuelva. La aparente negativa de
Jesús no es sino
eso, aparente. María, que confía en su Hijo, le deja toda la iniciativa
a Él, dirigiéndose
a los sirvientes e invitándolos a hacer lo que Él les diga. Y su
confianza es recompensada.
El Señor obra el milagro, transformando el agua en vino. La intervención
de Santa María
en el primer milagro de su Hijo no es accidental. El pasaje de las bodas
de Caná pone de
relieve el papel cooperador de María en la misión del Señor Jesús.
María tuvo otros hijos. En la Biblia se habla claramente de los
"hermanos de Jesús" (Mt 12,
46; Mt 13, 55; Mc 3, 31, etc.)
La palabra griega que se utiliza para designar a los hermanos de Jesús
es "adelphos", y
tiene distintos significados: hermano de sangre, compañeros,
compatriotas, etc. Ninguno
de los Evangelios menciona otros hijos de María como tales. Por otro
lado, la respuesta de
Santa María al ángel "«¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»" (Lc
1, 34) cuando
él le anuncia que va a concebir un hijo, no pueden entenderse si María
no hubiera tenido la
intención de permanecer virgen, pues en ese momento ya estaba desposada
con José (Lc 1, 27).
"Conocer" en este caso significa tener relaciones sexuales íntimas. Si
María hubiese pensado
en tener relaciones con José, el hecho de que el ángel le anuncie que va
a tener un hijo le
habría parecido consecuencia natural de su matrimonio, con lo cual no
hubiera dado esa
respuesta.
El Evangelio también dice que Jesús es el hijo primogénito de María (Lc
2, 7) y algunos
pretenden ver en esto una prueba de que María tenía otros hijos. Sin
embargo, la palabra
"primogénito" solamente hace referencia al primer nacido, y no de si
tiene o no tiene hermanos.
María no fue virgen después del parto. En Lc 1, 25 se lee "Y no la
conocía hasta que ella dio
a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.", lo que implica que después
de que María dio a luz
a Jesús tuvo relaciones con José.
El verbo "hasta" en este caso, quiere resaltar el simple hecho de que
José no tuvo relaciones
con María antes de que ella diese a luz a Jesús. No implica de ningún
modo que José tuviera
relaciones con María luego del nacimiento de Cristo.
Fuente: ACI PRENSA
|