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| Especial Visita de la Reliquia 2009 | |
| Del Santo Cura de Ars San Juan María Vianney | |
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Visita
de la Reliquia Sábado 19 de Diciembre |
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En ocasión al 150° aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars: Juan María Vianney, su Santidad Benedicto XVI, anunció desde el pasado 19 de Junio del año en curso, que iniciaría el "Año Sacerdotal" hasta el 19 de Junio del 2010; bajo el lema: "Fidelidad de Cristo, Fidelidad del Sacerdote", por lo tanto, en nuestro país se implementó la visita de la reliquia del Santo a las diferentes Parroquias y colegios de Nicaragua. Por esa razón, el Sábado 19 de Diciembre del año en curso, tuvimos la esperada visita de dicha reliquia, la cual fue recibida con una procesión que partió desde el Centro de Primaria del Municipio: CERMA hacia la Parroquia, en donde se rezó el Santo Rosario, posteriormente se llevó a cabo la Santa Misa, presidida por el Pbro. Guillermo Alejandro Mayewski García, y para finalizar se veneró la reliquia. |
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Galería de Imágenes No.1 Galería de Imágenes No. 2 |
APRENDIENDO JUNTOS Se llaman reliquias a los restos de los santos después de su muerte. En un sentido más amplio, una reliquia constituye el cuerpo entero o cada una de las partes en que se haya dividido, aunque sean muy pequeñas. Las reliquias también designan a los ropajes y objetos que pudieran haber pertenecido al santo en cuestión o haber estado en contacto con él, considerados dignos de veneración.
La Sagrada Escritura fundamenta su devoción. Tanto en el Antiguo Testamento (Cf. 2Re 13, 21), como en el Nuevo Testamento (Cf. Mt. 9,20-22. Hch. 5, 15; 13,21; 19, 11-12) dan pruebas suficientes para afirmar que su veneración no es ninguna cosa mala o supersticiosa y que sigue estando vigente todavía a pesar de la incredulidad de los tiempos actuales. |
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Quieres conocer a fondo la vida del Santo Cura de Ars? Visita: http://www.corazones.org/santos/juan_vianney.htm |
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Galería de Imágenes
No. 3 |
ORACIONES " TE AMO, OH MI DIOS " Autor: San Juan María Vianney Te amo, Oh mi Dios. Mi único deseo es amarte Hasta el último suspiro de mi vida. Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios, Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti. Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor, Oh mi Dios, si mi lengua no puede decir cada instante que te amo, por lo menos quiero que mi corazón lo repita cada vez que respiro. Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo, Y de amarte mientras que sufro, y el día que me muera No solo amarte pero sentir que te amo. Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora Final aumentes y perfecciones mi amor por Ti. Amén. |
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LA ORACIÓN SEGÚN EL SANTO CURA DE ARS Hermosa obligación del hombre: orar y amar Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro. El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo. La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable. En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura; es una felicidad que supera nuestra comprensión. Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada. Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo. En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol. Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y creedme, que el tiempo se me hacía corto. Hay personas que se sumergen totalmente en la oración como los peces en el agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no esta dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con del mismo modo que hablamos entre nosotros. Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la Iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo, cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece como si le dijeran al buen Dios: "Sólo dos palabras, para deshacerme de ti..." Muchas veces pienso que cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro. Juan Maria Vianney |
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